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La Rioja: El ministro Ernesto Pérez mueve sus fichas en la Capital y desafía el liderazgo municipal en medio de la crisis

El titular de la cartera productiva respaldó las recorridas de Gonzalo Becerra y Álvaro Recalde en el principal distrito electoral. La interna silenciosa por el control del territorio más volátil y el armado de un esquema propio que mira hacia el mediano plazo.

LA RIOJA.– En el peronismo riojano, las jugadas de posicionamiento territorial suelen cocinarse a fuego lento, pero sus señales en el tablero son inequívocas. Obligado a administrar los efectos de una severa crisis financiera y con la mirada puesta en la contención del humor social, el ministro de Producción y Ambiente, Ernesto Pérez, ensayó en las últimas horas un movimiento que sacudió el microclima político de la Capital: un fuerte espaldarazo a su propia escudería de armadores territoriales para disputar el protagonismo de la agenda urbana.

«Me preguntan si estamos preparados. Con este equipo vamos a ser protagonistas de una ciudad que le sirva a los vecinos», disparó el funcionario quintelista a través de sus canales oficiales. El mensaje no pasó desapercibido en los pasillos del Palacio Ramírez de Velasco, la sede comunal que hoy comanda Armando Molina. Al bendecir públicamente las caminatas diarias del diputado provincial Gonzalo Becerra y del dirigente Álvaro Recalde, Pérez no solo validó un despliegue capilar en las barriadas postergadas, sino que instaló una solapada marca de insatisfacción con el ritmo actual de la gestión local.

La jugada devela una estrategia de manual dentro del oficialismo: en momentos donde el invierno fiscal congela las grandes cajas estatales, la construcción de poder se dirime en el asfalto, cuerpo a cuerpo, disputando cada nicho de demanda vecinal insatisfecha.

La Capital como obsesión y el fantasma de la vulnerabilidad

La decisión de Pérez de proyectar a sus alfiles en el principal distrito de la provincia responde a una cruda lectura de los indicadores socioeconómicos. La Capital, que concentra a más de la mitad del padrón electoral riojano, es históricamente un territorio refractario para las estructuras tradicionales del PJ, caracterizado por un voto volátil que hoy coquetea con la narrativa de desregulación de La Libertad Avanza.

  • Autonomía de construcción: Al articular recorridas que combinan la microasistencia productiva —como la entrega de plantines para huertas de emergencia— con la contención política, el eje Pérez-Becerra construye un canal de comunicación directo con los vecinos, por fuera de la estructura formal del municipio capitalino.
  • El debate por la eficiencia: La frase «una ciudad que le sirva a los vecinos» porta una sutil pero nítida carga crítica. En los despachos de la cartera productiva evalúan que el descontento por la suba de tasas y el deterioro de los servicios básicos en la periferia requiere una respuesta de mayor contenido social y menos coreografía institucional.

Perfiles para un tablero en constante mutación

Detrás de la retórica orientada al «protagonismo» urbano, subyace el ajedrez de la sucesión y los liderazgos intermedios dentro del esquema del gobernador Ricardo Quintela. El mandatario provincial necesita mantener a sus segundas líneas activas y en competencia permanente para evitar que la parálisis de la obra pública nacional congele la iniciativa política del justicialismo local.

Pérez, uno de los ministros con mayor perfil doctrinario y volumen político del gabinete, entiende que el control de la Capital es el único reaseguro de gobernabilidad frente al prolongado escenario de escasez de recursos. Al movilizar al diputado Becerra —un legislador con fuerte inserción en los sectores comerciales y juveniles de las barriadas capitalinas—, el ala dura del Ministerio de Producción busca consolidar un núcleo de resistencia territorial capaz de amortiguar el avance de la oposición y, al mismo tiempo, sentar las bases para los liderazgos que vendrán. El desafío para este bloque emergente será demostrar si las caminatas de cercanía y las propuestas de desarrollo a microescala bastan para estructurar una alternativa sólida, en una ciudad cuya fatiga material y económica marcha a una velocidad muy superior a la de las internas de la dirigencia.

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