A través del programa «Turno Emprendedor», el diputado provincial Gonzalo Becerra escenifica el apoyo capilar a cuentapropistas de la periferia. La táctica del peronismo local de atomizar la ayuda social frente al freno de los programas nacionales.
LA RIOJA.– En una provincia donde el empleo público y la obra de infraestructura estatal operaron históricamente como los grandes ordenadores sociales, la parálisis de los giros de fondos desde la Casa Rosada forzó un repliegue táctico en la dirigencia del justicialismo local. Obligados a gestionar la escasez en el principal bastión electoral de la provincia, los legisladores alineados con el gobernador Ricardo Quintela comenzaron a sustituir los grandes anuncios de gestión por una coreografía de hiperproximidad: la microasistencia y la validación del cuentapropismo de subsistencia.
El último movimiento en este tablero lo protagonizó el diputado provincial Gonzalo Becerra, una de las terminales políticas del oficialismo en la Legislatura. A través de sus plataformas oficiales, el parlamentario visibilizó la puesta en marcha del dispositivo «Turno Emprendedor», un esquema de recorridas territoriales destinado a asistir de manera directa a pequeños comercios informales de los barrios periféricos de la Capital, visitando en esta oportunidad a una peluquería y a un microemprendimiento gastronómico familiar denominado “Pizza 16”.
La movida de Becerra devela la necesidad de la primera línea del oficialismo de mantener una presencia física constante en las barriadas populares, allí donde la pérdida del poder adquisitivo y el incremento de las tarifas de los servicios públicos golpean con mayor dureza al entramado comercial independiente.
De la macroindustria al refugio del autoempleo
El foco de la agenda legislativa en estos esquemas de proximidad responde a una cruda lectura de la realidad macroeconómica riojana. Con el Parque Industrial de la Capital operando con suspensiones forzosas debido a la caída persistente del consumo nacional, y sin recursos federales para inyectar en programas masivos de inserción laboral, el quintelismo se ve forzado a dotar de épica política al autoempleo informal.
- La atomización de la ayuda: Ante la falta de presupuesto para subsidios a gran escala, el programa municipal y legislativo muta hacia la entrega de herramientas menores, insumos básicos y visibilización digital. «Estar presentes y apoyar a nuestros emprendedores es clave para el desarrollo comunitario», argumentó el diputado.
- El contraste de relatos: La insistencia en conceptualizar al pequeño cuentapropista informal como un «motor de progreso» busca disputarle el sentido de la meritocracia y el esfuerzo individual a La Libertad Avanza, fuerza que viene sumando adhesiones en los sectores comerciales y juveniles de la Capital mediante el discurso de la desregulación.
La Capital como territorio en disputa permanente
Detrás de la retórica orientada a «acompañar a quienes construyen sus sueños», subyace una estrategia estrictamente de control territorial. La capital provincial representa el distrito más inestable y refractario para las estructuras tradicionales del peronismo riojano. Las clases medias y bajas urbanas, asfixiadas por la inflación, demandan respuestas materiales inmediatas que hoy la Casa de las Tejas tiene dificultades para financiar en términos globales.
La táctica de legisladores como Becerra consiste en fragmentar la contención: si el Estado provincial no puede garantizar el empleo registrado o la vivienda social masiva, ofrece al menos una red de acompañamiento de microescala para evitar que el descontento barrial perfore los diques de la gobernabilidad local. El desafío para el esquema político oficialista será demostrar si esta bitácora de visitas de proximidad y auxilio a microemprendedores es suficiente para contener la frustración social de una periferia urbana cuya subsistencia diaria corre a una velocidad mucho más dramática que la de los programas parlamentarios de asistencia.




