Inicio / Politica / Opinión: Desde el Cono Sur

Opinión: Desde el Cono Sur

fotoValesPor José Vales, periodista del diario mexicano El Universal. La historia, en tanto ciencia social, no permite saber si Julio Cortázar, quien en su tiempo fue un comprometido aliado de la revolución Sandinista, hubiese mirado con simpatía al chavismo.

A juzgar por su relación con el peronismo, de oposición en los 50 y de acercamiento en los convulsionados 70, la respuesta sigue abierta. Pero el título de su genial relato, que forma parte del volumen «Todos los fuegos, el fuego»(otro título para sintetizar lo que Venezuela viene viviendo hace tres lustros por lo menos), bien sirve para englobar el estado de situación por el que atraviesa algunos países de la región y, también, algunos presidentes.

El chavismo, mejor dicho Hugo Chávez, ganó ampliamente la elección de gobernadores desde su lecho de enfermo. Así literalmente. Fue un triunfo del «voto compungido». El mismo que había conseguido el 54 por ciento que Cristina Kirchner en Argentina, en octubre y que ahora la presidenta argentina dilapida, como si estuviese convencida que de esa cantera aún hay suficiente mineral.

Después de haber conseguido la mejor votación en 14 años, la oposición venezolana quedó sumergida nuevamente en sus propias contradicciones. Perdió el estratégico estado de Zulia y sólo pudo salvar el nuevo liderazgo de Henrique Capriles. Sale de la contienda, con un dejo de «Habemus candidato», en el caso que la salud del presidente se sigue deteriorando, como ocurrió en las últimas semanas, donde cada palabra de Chávez al país, antes de partir hacia Cuba y cada comunicado sobre su salud, fue calibrado en la justa medida del marketing electoral.

Con este nuevo mapa político, más «rojo rojito» que en los últimos cinco años, Chávez logra asegurar los amplios límites para una eventual transición, pero no despeja en lo más mínimo la duda sobre si el país se allana a un chavismo sin Chávez. Tal vez por allí, por esos vericuetos que le deja el gobierno y sus propias contradicciones, debería explorar la oposición para salir cuanto antes de esta nueva crisis interna tras una nueva derrota.

Expuso a sus principales figuras olvidando el escenario político que vive el país desde julio de 2011, cuando Chávez le anunció al mundo que padecía cáncer. Fue el cáncer y su endemoniado esfuerzo personal el que le ayudó al presidente a obtener la reelección en octubre y es el cáncer el que consiguió este abultado resultado ayer. Que el dolor moviliza más que mil consignas, y supera cualquier teoría electoral lo entendieron mejor y más rápido en La Habana que en cualquier usina política. Sólo hay que remitirse a las pruebas.

Cristina Kirchner no abandona el luto ni siquiera en las fechas patrias. Se remite a «el» (como suele referirse a su difunto esposo) en busca de esa solidaridad con el duelo, que le ayudó a conservar el cargo. Lo hace cada vez que se siente apremiada. Lo cual garantiza que las invocaciones a Néstor estarán aseguradas al menos hasta los comicios legislativos de octubre para los que ya trabaja. Justo ahora que por primera vez en varios meses recibió dos buenas noticias el mismo día. El juez Horacio Alfonso, dictaminó la constitucionalidad de los dos artículos de la Ley de Medios, protestados por el Grupo Clarín y el tribunal del Mar, dictaminó que la Ghana deberá liberar a la Fragata Libertad, secuestrada en uno de sus puertos desde octubre por pedido de un «fondo buitre» que busca cobrar los bonos de deuda argentina.

Pero el gobierno argentino no tiene tiempo para más celebraciones. El miércoles, las centrales sindicales que le paralizaron el país el pasado 20 de noviembre saldrán a la calle con una gran manifestación y con una larga lista de reclamos aunque convocan para pedir el aumento a los jubilados, justo cuando la presidenta los comparó con «los buitres» que llevaron a retener el buque escuela.

Como podrá apreciarse que en el caso Argentino, la enferma de gravedad no es la presidenta sino el país. Notable diferencia con Venezuela donde está tan grave el jefe de Estado como la Nación. Mientras Buenos Aires se inundaba por segunda vez en ocho días, el fallo de un tribunal en la provincia de Tucumán que encontró inocentes a 13 acusados de trata de personas y de administrar y participar de una red de prostitución, demostró hasta que límites está debilitado el cuerpo de la Nación y cuánta puede ser la hipocresía de los gobiernos tanto nacional como provincial.

La presidenta de inmediato cuestionó el veredicto judicial y apuró la ley contra la trata de personas que dormía en el Congreso, luego de premiar a Susana Trimarco, la mujer que llevó después de años a la organización al banquillo de los acusados. El kirchmerismo quiso ver en ese fallo una «vendetta» contra la presidenta por sus ataques a la Justicia antes del 7D (el día que había elegido para que Clarín se acogiera a la ley de medios), pero lo cierto es que mientras la presidenta y el gobernador de Tucumán José Alperovich, se solidarizan con Trimarco, protegen y encubren en las filas del peronismo a los encargados de regentear la prostitución y la trata de personas. Incluso durante el juicio Trimarco llegó a acusar al ex gobernador de La Rioja, Angel Maza, de «haberme mentido», cuando buscaba a su hija en esa provincia.

Y es que todo se asemeja a la estructura del texto cortazariano, donde los hijos le ocultan a la madre la muerte de un hermano en base a una cadena de mentiras hasta que terminan por creer ellos mismos que ese hermano aún está con vida. Eso hasta que se enteran que la madre en cuestión ya conocía toda la verdad.

En esa línea cualquier habitante de alguna provincia argentina, más o menos bien informado, sabe que las redes de prostitución funcionan bajo el paraguas del poder político local. Son conscientes que es uno de los eslabones del feudalismo bajo el que están estructurados estos Estados y que en un país donde la desaparición física de sus ciudadanos corrió alguna vez por cuenta del Estado en poder de los militares, en democracia hay nuevas formas de desaparición. La trata de personas.

Allí también el gobierno deja su huella. Como en la economía o en la estructuración social, de la misma manera con que combate la pobreza a punta de paliativos y no de políticas efectivas de largo plazo, en lo que hace a las redes de prostitución, construye un relato que cada vez está más lejos de la realidad. Así está de enfermo el cuerpo social de la Argentina. En cambio con el kicherismo y con la presidenta -que sólo padece de hipotensión-, sostenidos por el mal de ausencia que aqueja a la oposición, aún le quede salud para ganar otra elección. Y así si, que Cortázar no podrá llegar con la ayuda de sus textos.

Etiquetado:

Descubre más desde Rioja Política

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo