El impacto de los resultados en distintas provincias encendió luces de alerta en el oficialismo. Todos coinciden que hubo un «voto castigo» hacia la propia Presidenta.
El día después del peor resultado electoral del kirchnerismo en la última década, como era previsible, predominaban las caras largas en la Casa Rosada. No había brújula para navegar en las nuevas aguas ya no del 54 por ciento sino del 26. Funcionarios y operadores del oficialismo aguardaban instrucciones de la Presidenta a la espera de que hubiera «comprendido el mensaje» de las urnas. Pero los indicios no eran los mejores, al menos para los consultados por este diario.
Cristina Kirchner se recluyó en la Quinta de Olivos y pasó el día punteando los resultados distrito por distrito junto a los habitués de la mesa ratona por la que pasa el poder: su hijo Máximo, Carlos Zannini, los líderes de La Cámpora Andrés «Cuervo» Larroque y Eduardo «Wado» De Pedro.
Durante un rato se sumó a la tendida el jefe de gabinete, Juan Manuel Abal Medina. Era la continuidad, en versión VIP, de la evaluación de daños que había comenzado la noche del domingo en el Hotel Intercontinental, tras el discurso de la Presidenta en el que lejos de admitir alguna derrota, reivindicó la primera minoría a nivel nacional y definió al kirchnerismo como David peleando contra Goliat.
Cristina pidió comida y se quedó en el piso 19 hasta pasada la una de la mañana conversando con Martín Insaurralde, Juliana Di Tullio, Julían Domínguez, el «Cuervo» Larroque, Oscar Parrilli, Zannini, el intendente de La Matanza, Fernando Espinoza, Diego Bossio y Amado Boudou, entre otros. Hubo un primer repaso al vuelo en busca de «traidores» entre los alcaldes bonaerenses, según contó uno de los testigos. Pero no fue tan sencillo.
«Esto no fue como 2009. Casi todos los municipios en los que perdió Insaurralde también perdió el intendente con su boleta de concejales», explicó un operador K.
Pero el impacto no fue sólo en Buenos Aires. En el interior, las derrotas esperables fueron por una distancia mayor a la pronosticada (como en Mendoza, Santa Fe o Chubut). Y otros resultados fueron totalmente inesperados, como la derrota en San Juan y la victoria por décimas en Jujuy. José Luis Gioja y Eduardo Fellner no salían de su asombro.
«Si fuesen una o dos provincias las que tuvieron problemas, uno podría buscar las falencias en la gestión local. Pero acá no nos queda otra que pensar que fue un castigo a la Presidenta», se desahogaban desde una gobernación cordillerana. Un funcionario de Balcarce 50 que coincidía con esa óptica, agregaba: «Tenemos que empezar a desconfiar de las encuestas que le daban una imagen nacional tan alta a Cristina».
Tratando de encontrar algunas estrategias de cara a las generales de octubre, operadores bonaerenses coincidían con lo que había dicho la Presidenta el domingo a la noche acerca del desconocimiento todavía alto de Insaurralde.



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