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El Ancasti: El espejo de UNLAR

Por estos días, la escena política riojana es sacudida por el conflicto universitario, que ha relegado a un segundo plano la campaña electoral. La controversia en la Universidad Nacional de La Rioja (UNLAR) se disparó por el despido masivo de 70 docentes y rebajas en los salarios de otros 200. De ahí, la escalada. Docentes y alumnos tomaron primero la Facultad de Arquitectura y luego el Rectorado.El espejo de UNLAR - Opinion - El Ancasti de Catamarca

Lograron el respaldo de diversos sectores sociales, culturales e institucionales riojanos y la solidaridad de otras entidades académicas y protagonizaron nutridas manifestaciones que se reiterarán esta semana. Varios funcionarios, entre ellos una decana, renunciaron en adhesión a la protesta. El vértice del rechazo es el rector Enrique Tello Roldán, enquistado en el cargo desde hace un cuarto de siglo, beneficiario de un sistema que permite la reelección indefinida, cuya renuncia se exige como base para la democratización universitaria y garantías para la calidad educativa. La asamblea de la UNLAR no lo reconoce como autoridad. Durante el conflicto se denunciaron privilegios que gozan él y su entorno, que contrastan fuertemente con la situación de docentes en situación laboral precaria. La crisis en la casa de altos estudios involucra a toda la comunidad riojana e inquieta al Gobierno por su impacto político.

La crisis de la UNLAR es en rigor el estallido de una olla que viene juntando presión desde hace años al fuego de un régimen político anacrónico. La Universidad Nacional de Catamarca debería mirarse en el espejo riojano, pues sus circunstancias no son diferentes. Como se sabe, el sistema político en la UNCA reposa en el poder de los decanos, que tenían hasta una reforma concertada este año, la posibilidad de ser reelegidos sin límites. Esta circunstancia provocó un sinnúmero de abusos por parte de los decanos tendientes a asegurarse la permanencia en sus puestos y eliminar cualquier atisbo de disidencia que amenazara sus reinados. El más conocido y escandaloso fue el de no realizar concursos y mantener docentes en calidad de interinos. Como de acuerdo con los estatutos los interinos no pueden integrar listas para cargos electivos, los decanos impedían de esta manera que se conformaran alternativas opositoras, pues además el trabajo de los interinos depende de la voluntad del decano. En este marco, la UNCA se convirtió en una cantera inagotable de escándalos, que alcanzaban picos de tensión en los períodos de renovación de autoridades y en los que se destacaba menos la calidad académica que las virtudes de los tahúres para enjuagues indecorosos.

La situación se volvió insostenible, de modo que el rector Flavio Fama impulsó la reforma del Estatuto de la UNCA en la que se limitó a un período la reelección de los decanos. Pero esta modificación resultó ser una maniobra más para la perpetuación: con el argumento de que las leyes no pueden aplicarse en forma retroactiva, Fama, que cursa su segundo mandato y completará ocho años en 2015, quedó habilitado para otros dos períodos, de modo que podrá quedarse 16. Y lo mismo para los decanos: la mayoría supera los 16 años apoltronados y podrán extender sus gestiones por ocho más, es decir hasta los 24. Y el límite es teórico, pues es obvio que los cófrades podrían cuando estén a punto de cumplirse sus períodos hacer otra asamblea para seguir la conga. Esto si el ciclo vital se los permite. La renovación en la UNCA ha quedado en manos de Madre Natura: al tiempo no hay entongue que lo pare, y la senectud le llega a todo el mundo, decanos y rectores incluidos. Sin embargo, ya se ve lo que pasa en La Rioja con el rector Tello Roldán, que pensaba tener la vaca atada hasta el pase a cuarteles de invierno: una revuelta de docentes y estudiantes con amplio consenso en la sociedad riojana lo tiene contra las cuerdas. No vaya a ser que acá termine pasando algo por el estilo. Mientras tanto, los caciques de la UNCA podrían asesorar a su par riojano en tan difícil encrucijada. Al lado de ellos, Tello Roldán es un pobre gil.

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