El dirigente riojano finaliza su mandato al frente de la Corporación Vitivinícola Argentina con un balance positivo. Apuesta a los vinos blancos y frescos como la llave para conquistar nuevos mercados y analiza el impacto de la reforma laboral en las economías regionales.
La vitivinicultura argentina se prepara para un cambio de mando en su organismo cúpula. El próximo 7 de marzo, en el marco de la Fiesta Nacional de la Vendimia, el riojano Mario González dejará la presidencia de la Corporación Vitivinícola Argentina (COVIAR) en manos de Fabián Ruggeri. Tras tres años de gestión marcados por la mirada estratégica al 2030, el representante de la Cámara Riojana de Productores (CARPA) analizó los desafíos de un sector que busca equilibrio entre la tradición y la modernización.
En una charla profunda, González destacó que, si bien el Malbec sigue siendo el estandarte nacional, el paladar global está virando hacia perfiles donde La Rioja tiene una ventaja competitiva única: los vinos blancos, frutados y fáciles de tomar.
El Torrontés Riojano: el nuevo «caballito de batalla»
Para el presidente saliente de COVIAR, el potencial del Torrontés Riojano es enorme. Esta variedad, única cepa autóctona de Argentina, se posiciona como el complemento ideal para el Malbec en las góndolas internacionales.
«El mundo va virando hacia vinos blancos y frescos. Allí tenemos una posibilidad muy grande con el Torrontés Riojano. Es una variedad nuestra, desarrollada en varias provincias pero con una identidad muy fuerte en La Rioja y Salta», explicó González. La estrategia no es reemplazar al Malbec, sino sumar diversidad para ganar competitividad en mercados que hoy demandan productos más ligeros.
Reforma laboral y competitividad: «Reglas claras para el largo plazo»
Uno de los temas que atravesó la gestión de González fue la discusión sobre la modernización laboral. En una industria que demanda mano de obra intensiva, el dirigente riojano se mostró optimista pero cauteloso.
«Todo lo que tiene que ver con modernizar condiciones es positivo. Queremos que el tema laboral sea algo normal y no una preocupación constante», señaló. Además, hizo hincapié en que la vitivinicultura es un trabajo de «cercanía» en los pueblos del interior, donde el empleado suele ser parte de la familia de la empresa. Para González, el fin de la incertidumbre legal es clave para quienes planean inversiones a una década vista.
El desafío logístico: la deuda pendiente con el Interior
González no ocultó su preocupación por los costos de mover la producción desde el oeste argentino hacia los puertos. «Argentina es tremendamente cara para mover nuestros productos», sentenció.
Los ejes para el 2026:
- Costos Logísticos: Necesidad de infraestructura para no depender exclusivamente de un solo medio de transporte.
- Eficiencia hídrica y energética: Incorporar tecnología para el uso inteligente del agua, recurso crítico en zonas áridas.
- Financiamiento: Clave para que el sector primario pueda tecnificarse y competir en igualdad de condiciones con países europeos.
Enoturismo: Más allá de Cuyo
La expansión de la frontera vitivinícola a 18 provincias es celebrada por el dirigente de CARPA. González destacó que el enoturismo ha permitido que pueblos pequeños del interior generen valor agregado vinculando el vino con la gastronomía y el paisaje. En este sentido, La Rioja ha sabido capitalizar su Ruta del Vino, integrando la producción con la oferta turística regional.
El futuro de Mario González
Aunque deja la presidencia, el riojano seguirá vinculado a la mesa chica de la vitivinicultura nacional como vicepresidente de COVIAR, acompañando a Fabián Ruggeri. «El Directorio está muy consolidado. Seguimos con el eje puesto en el Plan Estratégico 2030, más allá de la coyuntura difícil que atravesamos por la caída del consumo», concluyó.
Al ser consultado por su cepa favorita, no hubo dudas: «Torrontés Riojano», respondió con el orgullo de quien sabe que el futuro del vino argentino también se escribe en blanco.





