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La pobreza que no queremos ver

El Indec difundió el martes los indicadores semestrales de pobreza e indigencia con resultados que eran previsibles, pero no por ello menos vergonzosos. Si bien la pobreza es un flagelo que afecta a las personas que están en esa situación, tan vergonzoso es esconder los datos como si, de esa manera, la situación se pudiera solucionar mágicamente.Cinthia-Rioja_CLAIMA20121002_0159_14

Según los datos del organismo estadístico, el valor de la canasta básica total, que incluye alimentación, vestido, salud, educación y gastos de transporte y vivienda de una familia de 4 personas es de $ 1.717, algo así como unos $ 14,30 por día por persona. Mientras tanto, la canasta básica alimentaria llega para una familia tipo a $ 750 por mes, unos $ 6,25 por día por persona.

Estos números, que la realidad se encarga de rebatir por sí sola, solo son posibles por la forma en que el Indec manipula los precios a efectos de conseguir índices de precios al consumidor que muestren una inflación inferior a la normal. Moreno ha conseguido de una manera muy elegante bajar la pobreza y la indigencia, aunque habría que preguntarles a gobernadores e intendentes, que son los que deben lidiar con los reclamos sociales, qué opinan de los números.

En los datos desagregados, aparecen datos más sorprendentes. Las provincias del NOA, siempre consideradas pobres, es donde existe un índice de indigencia casi nulo y es que una gran cantidad de personas perciben la Asignación Universal por Hijo (AUH). Quienes tienen dos hijos ya perciben por esta asignación una suma que los deja fuera de los niveles de indigencia. Estos índices se reflejan en Salta, La Rioja, Santiago del Estero y Jujuy.

Estos números son replicados desde el Observatorio de la Deuda Social de la Universidad Católica Argentina, quienes explican que con una economía estancada, que no genera empleos, el derrame hacia quienes están en la economía informal es menor, lo que debería dar mayores números de pobreza, aunque entienden que lo de la indigencia puede deberse a los planes sociales.

Según estos investigadores, los números de la canasta de pobreza oscilan entre 3.500 y 3.750 pesos, mientras que los números para la canasta de indigencia están entre 1.700 y 1.900 pesos.

Consecuencias

Los investigadores de la Universidad Católica Argentina calculan que el índice de pobreza debe estar en el orden del 25 al 30% mientras que los de indigencia están cercanos al 7%. Hay que los recordar que los índices oficiales mostraron un indicador de pobreza del 4,7%, mientras que la indigencia solo alcanzó a 1,4%.

Negar estos datos posibilita generar las políticas adecuadas para enfrentar el flagelo que afecta a cada día más argentinos. Hay que recordar que la pobreza, que medimos en términos de ingresos, tiene otras connotaciones asociadas, como bajo o nulo nivel educativo, carencia de atención de salud y viviendas sin servicios básicos.

Pero, además, implica una grave limitación. Esta es que si potenciamos la llegada de nuevas inversiones, estas encontrarán falta de mano de obra “empleable”, con lo que las condiciones que hoy describen a la pobreza están definiendo una situación estructural que no se soluciona solo con asistencia alimentaria.

Negar esta realidad es negarse a asumir la responsabilidad de dar a todos la igual de posibilidades que les permita aprovecha la igualdad de oportunidades.

Por lo pronto, con estos números oficiales, no tendría sentido seguir alimentando a la burocracia de la pobreza, cuando esta parece haberse extinguido. La realidad sigue golpeando duramente a miles de argentinos mientras otros festejan la mentira.

Por Rodolfo Cavagnaro – Especial para Los Andes

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