Desde que el 26 de diciembre la presidenta Cristina Fernández de Kirchner mandó a la agencia estatal de noticias Télam a desmentir una posible candidatura suya el año que viene (que había sido impulsada en los medios por el diputado ultra K Carlos Kunkel) con la frase «no hay ninguna posibilidad de Cristina 2015 para ningún cargo», los candidatos presidenciales dentro del espacio oficialista empezaron a multiplicarse.
El martes, el ministro del Interior y Transporte, Florencio Randazzo, se anotó en esta lista al afirmar que si saca «el transporte público adelante», después juega «cualquier partido» y aclaró que su precandidatura será dentro del Frente para la Victoria (FPV).
Pocos días antes, a Randazzo le había ganado de mano el senador nacional Aníbal Fernández quien, a través de las páginas de algunos matutinos -entre ellos Los Andes- postuló que «yo no tendría ningún inconveniente en competir por la pre-candidatura presidencial del FPV» si no existiera un candidato que aglutinara al menos un 50% de las voluntades.
Con la declaración de Randazzo, ya son dos los miembros del gabinete nacional que tienen pretensiones de competir por la candidatura presidencial en 2015. El otro es Jorge Capitanich, quien desde noviembre está a cargo de la Jefatura de Gabinete y dejó la gobernación del Chaco con el objetivo de instalarse a nivel nacional llevando adelante la última parte de la gestión de Cristina Fernández.
A estos tres dirigentes se suman dos gobernadores. El primero es Daniel Scioli (Buenos Aires) quien, pese a la resistencia que encuentra en el núcleo duro del kirchnerismo, aspira a ser el «candidato natural» del Frente para la Victoria y coquetea a la vez con dirigentes del peronismo opositor, tratando de erigirse así como el unificador del PJ. El segundo mandatario es Sergio Urribarri (Entre Ríos), quien tiene menos incidencia en el PJ tradicional que Scioli pero es mejor visto por el «cristinismo».
¿Alguien imaginaba hace seis meses que Cristina y sus acólitos permitirían que los candidatos a sucederla se multiplicaran día tras día? Difícilmente. De hecho en la Casa Rosada se tomaba como un enemigo interno, prácticamente un hereje, al dirigente que planteaba su vocación presidencial (recordemos cómo se maltrataba a Scioli).
Pero tras las dos derrotas electorales del año pasado y las complicaciones en la salud de la Presidenta, el mapa político argentino dio un giro drástico. Ante los inocultables desatinos de una gestión desgastada luego de 10 años y el silencio casi sepulcral en el que se ha refugiado la mandataria, en el peronismo oficialista reina la incertidumbre.
La Casa Rosada tuvo que recurrir en los últimos días a voceros inesperados para sostener que Cristina Fernández sigue siendo la que manda, que está gobernando, aunque nadie explica por qué la jefa de Estado ha preferido pasar a un segundo plano. Ayer fue el propio Scioli quien se ocupó de esta tarea al comentar por radio que habló con la Presidenta.
«Cristina me llamó para el día de mi cumpleaños. No hablamos de las velitas. Hablamos de cosas de Estado, del curso de la economía. Yo veo a la Presidenta activa, conduciendo», dijo. La defensa que entabló Scioli de la conducción presidencial tuvo el efecto contrario al esperado: ante la falta de definiciones y presiones sobre lo conversado, la noticia pasó a ser que la jefa de Estado habla con un gobernador, como si fuera algo excepcional.
El peronismo es un hervidero. Mientras la Casa Rosada insiste en que la jefa de Estado sigue tomando decisiones, el PJ nacional debe resolver en los próximos meses quién será el presidente del partido. Scioli quiere retener el cargo que heredó de Néstor Kirchner cuando éste falleció hace tres años. Hacerse de este puesto lo convertiría -razona- en el candidato «cantado» del oficialismo, aunque todos saben que nadie pueda ser candidato en octubre de 2015 si no pasa antes con éxito las primarias de agosto de ese año.
En el «cristinismo» no tienen posición tomada todavía, pero algunos proponen que haya una elección interna que permita al peronismo dinamizarse a través de la competencia. El temor, ante esta propuesta, es que el PJ oficial se termine de disgregar antes o después de la elección y que la Presidenta pierda su principal sostén político.
En la oposición también hay aprestos de cara a 2015 mientras se observa con preocupación la falta de reacción del Gobierno ante la crisis. Mientras los radicales, que están divididos en dos grupos, negocian formal e informalmente con los partidos que integran el Frente Amplio Progresista, la Coalición Cívica y Proyecto Sur la conformación de un espacio socialdemócrata de alcance nacional, el Frente Renovador que lidera Sergio Massa se dirime entre participar más activamente de la vida del PJ o no.
El lunes, cuando en Mar del Plata se reúnan Hugo Moyano y Luis Barrionuevo para fijar posiciones de cara a las paritarias que se inician, Massa podría sumarse a la foto. Scioli también ha sido invitado. Los riesgos para el primero son escasos pero para el gobernador bonaerense son muy altos porque desde las dos centrales obreras opositoras que lideran el camionero y el gastronómico, se piensa reclamar al menos 30% de aumento salarial. Por las dudas, ayer Scioli avisó que no coincide con todos los que se reúne o habla, dando a entender que podría darse una vuelta por el cónclave de peronistas críticos.
El radicalismo mira con ansiedad todo este proceso. Algunos quieren ir más despacio que otros en la construcción del espacio progresista porque creen que el año que se inicia será complicadísimo en el Congreso y la UCR estará obligada a demostrar posiciones coherentes con sus socios del socialismo, del GEN, de Libres del Sur y de las demás fuerzas. Los antecedentes no son justamente muy buenos al respecto. En importantes leyes, radicales y el FAP votaron de forma antagónica y esto no debería volver a pasar.
Quienes aceleran las negociaciones con los futuros aliados son Ernesto Sanz y Julio Cobos, los dos pre-candidatos presidenciales que tiene el centenario partido. Sanz ya se reunió con el socialista Hermes Binner en dos oportunidades aprovechando que ambos son los titulares de sus respectivos partidos y dejó fuera de las fotos a Cobos. Por eso el ex vicepresidente decidió no quedarse de brazos cruzados y buscó aliados, como Fernando «Pino» Solanas, para configurar un polo que contrapese el armado institucional de Sanz-Binner, sus rivales en agosto de 2015.
El recelo que tienen los dos dirigentes radicales es inocultable. Cobos teme que desde las cúpulas partidarias se le pongan obstáculos. Por eso puso a la senadora Laura Montero en la secretaría de coordinación de la UCR nacional para vigilar bien los pasos que da Sanz y mandó a otros dirigentes a pedir públicamente la renuncia del sanrafaelino al Comité Nacional en caso de que éste decida lanzarse como candidato.
En rigor, dicho lanzamiento ya se produjo en mayo del año pasado cuando Sanz protagonizó un multitudinario acto partidario en Parque Roca (por lo que no termina de entenderse por qué el cobismo votó a Sanz como titular del partido hace sólo un mes si tanto desconfía de la neutralidad del senador). El radicalismo ortodoxo que acompaña a Sanz también desconfía de Cobos no tanto por haberse ido con el kirchnerismo y haber vuelto sino porque consideran que no sabe construir colectivamente, el mismo pecado que achacan a Elisa Carrió.
Los socialistas, en tanto, están ordenados detrás de la figura de Binner, quien por ahora aventaja en las encuestas nacionales a Cobos. El líder socialista tiene decidido apoyarse en el acuerdo institucional que tiene con Sanz pero, al mismo tiempo, no quiere quedar preso de la «rosca» radical. Quienes conocen bien al ex gobernador de Santa Fe aseguran que no confía con facilidad en nadie, de ahí a que esté atento a no quedar pegado de una interna anticipada entre los dos radicales mendocinos.
