La Rioja en Brasil: La crisis del Mercosur
«El presidente (José Mujica) fue bien escueto y bien conciso, creo que te complicó la vida, Porto”, dijo con sorna el exministro de Economía de Uruguay, Isaac Alfie, dirigiéndole la mirada al vicecanciller Luis Porto, al abrir la conferencia titulada Mercosur, entre la región y el mundo, organizada por el diario El Observador de Uruguay en el hotel Conrad de Punta del Este. El economista uruguayo hacía referencia a los recientes dichos de Mujica sobre el bloque regional, el cual vive en “una especie de mentira institucional” que no respeta lo que dice la letra de sus estatutos. El Mercosur tiene que “revisarse a sí mismo, qué es lo que sigue vigente y lo que no sigue vigente”, señaló la semana pasada el mandatario.
El Mercosur sigue levantando pasiones, para bien o para mal, y no fue la excepción durante el foro en el balneario top del país, en el que también expusieron el expresidente del Banco Central de Argentina, Alfonso Prat Gay, y la empresaria paraguaya Fátima Morales. Además, comentaron los expresidentes Luis Alberto Lacalle y Jorge Batlle, el embajador Julio Lacarte Muró, y el diputado paraguayo Óscar Tuma.
El oficialismo uruguayo no niega la realidad de un Mercosur que no sirve del todo a los intereses del país, pero se ubica lejos de la postura de Alfie de querer salirse del bloque, como propuso durante su conferencia, al brindarle escasos beneficios a Uruguay. Porto, que enfrentó un público ajeno a sus ideas –“algún amigo de izquierda me preguntaba por qué venía acá; les explicaba que es una oportunidad de escuchar diferentes visiones”, dijo al iniciar–, señaló que hay que “aceptar la realidad” de que el conglomerado ya no responda exclusivamente a fines comerciales.
Para el subsecretario del Ministerio de Relaciones Exteriores, el Mercosur es bueno en tanto comprende una de las herramientas de inserción global y mundial. Esto es clave para contar “con margen de maniobra” y si ese bloque no funciona, como sucede con las negociaciones del tratado de libre comercio entre el Mercosur y la Unión Europea –llevan más de 10 años conversaciones–, se busca el bilateralismo. Uruguay está subido al carro de Brasil en este asunto. “Si no podemos avanzar, vemos si avanzamos por el bilateralismo, y ahí es donde está el grupo de alto nivel con Brasil”, explicó Porto.
El jerarca dijo que además del regionalismo y el bilateralismo que ofrece el Mercosur, también se está ante un multilateralismo como nunca se había encontrado el país en los últimos 20 años. Así, el bloque cuenta con tratados de libre comercio con Chile, Bolivia, Perú, Ecuador, Colombia, México, Israel y territorios palestinos.
“No estamos en una época de cambios, sino de cambio de época desde el punto vista político, económico y tecnológico a nivel internacional. Vamos hacia otra época y esto genera una gran incertidumbre. Y para Uruguay es bueno tener margen de maniobra y no abandonar ningún instrumento, la multilateralidad, la regionalidad y el bilateralismo. Así es como se van desvaneciendo las incertidumbres”, se explayó el vicecanciller.
De cualquier modo, Porto enumeró una serie de trabas y de inconsistencias que no permiten al bloque avanzar y crecer. Nombró a la unión aduanera, que “no funciona”, porque no hay unión de incentivos, y tampoco integración, armonización de regímenes de importación, eliminación del doble cobro del Arancel Externo Común y defensa comercial. Tampoco camina, agregó, la “solución de controversias”.
Un queso de 100.000 agujeros
Alfie, ministro de Economía y Finanzas durante parte del gobierno de Jorge Batlle, fue muy crítico con la situación actual del Mercosur, bloque que “olvidó” su cometido comercial y en el que las posiciones de Argentina y Brasil son las que siempre se imponen.
El Mercosur nació el 26 de marzo de 1991, cuando en Uruguay el presidente era Luis Alberto Lacalle, de la mano del Tratado de Asunción firmado en la capital paraguaya por Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay. Más tarde, el 16 de diciembre de 1994, se rubricó el Protocolo de Ouro Preto, complementario al otro documento, que sienta las bases institucionales del bloque, como establecer la personería jurídica y constituir el Arancel Externo Común. A principios de la década de 2000 apareció la criticada cláusula 32, por iniciativa de Brasil, que obligó a sus integrantes a no realizar un acuerdo bilateral con un país no miembro del Mercosur.
El economista Alfie señaló que la alianza trabajó bien durante la primera mitad de la década de 1990, bastante bien en la segunda mitad, y que los problemas comenzaron en la era pos 2001, con esa cláusula en juego y donde las relaciones derivaron en algo más político que económico. De esa manera, existen problemas irresueltos: proteccionismo argentino, doble cobro del Arancel Externo Común –un “queso gruyere con 100.000 agujeros”– que “afecta el núcleo del comercio real”, los estatus especiales de Manaos y Tierra del Fuego, “no buenos para Uruguay”, y las trabas de estados brasileños desde la perspectiva del país.
Según Alfie, el Mercosur a Uruguay no le sirve y le convendría salirse o ganar un estatus especial que le permita sentirse más cómodo. Lo que perdería el país en caso de abrirse serían los empleos de calidad que proveen las exportaciones de manufactura industrial, pero se compensaría con la localización de Uruguay y el acceso a otros mercados pese a contar con una producción chica. El exministro dijo que hay posibilidades de realizar acuerdos de libre comercio –como fue lo de Estados Unidos en su momento– con otros países sin depender del Mercosur.
De hecho, el Mercosur “está cerrado al comercio internacional y nos aleja cada vez más a acuerdos” a nivel mundial. Señaló que en términos de importancia para la economía de Uruguay, el Mercosur no significa mucho. Detalló que en valor agregado, representa el 6,3% del PIB, y si se saca el turismo, la construcción y algunos servicios financieros y profesionales, en números gruesos queda solo un 1% del PIB.
“Depende de nosotros”
En una visión más optimista, el expresidente del Banco Central de Argentina (BCA), Alfonso Prat Gay, dijo en el foro realizado en el Conrad que no hay que desechar el Mercosur como tal, donde se encuentra la región con la mayor producción de alimentos del mundo y con unas reservas acuíferas y energéticas como pocas en el globo. “Depende de nosotros si queremos que funcione, aunque es obvio que por ahora no funcionó”, indicó quien dirigió el BCA durante las presidencias de Eduardo Duhalde y Néstor Kirchner.
Prat Gay, también exdiputado de la Coalición Cívica ARI, mencionó que el ingreso de Venezuela ha sido “beneficioso para todos” desde el punto de vista económico. “No podemos ver con el prisma político de cada nación, ya va a terminar el chavismo y el kirchnerismo”, aseveró. “La raíz es mucho más profunda, hay 20 años sobre los cuales hay que seguir construyendo. ¿Dónde estarían hoy Grecia, España, Irlanda e Italia si el trabajo previo no hubiera fructificado en la alianza política, social y económica que tiene hoy Europa’”.
Por su parte, la empresaria paraguaya Fátima Morales calificó de alentadora la incorporación de Venezuela al Mercosur, pese a que Paraguay vetó largo tiempo sumar ese país al bloque y que luego se metió por la ventana, en oportunidad en que los paraguayos fueron suspendidos del conglomerado tras la destitución por parte del Congreso guaraní del presidente Fernando Lugo. Para Morales, presidenta de la cadena de farmacias Farmacenter, la presencia venezolana sirve desde el punto de vista económica y también para disminuir las “enormes” asimetrías del Mercosur.
“Brasil y Argentina aumentaron sus exportaciones a Venezuela. Paraguay y Uruguay también aumentaron y exportan a ese país US$ 417 millones, 34 veces más que en 1995”, detalló esta química farmacéutica. “En términos económicos no hay duda que conviene el ingreso de Venezuela, es una economía a la que le falta todo, como los alimentos, y es un mercado de 30 millones de personas”. De cualquier modo, concuerda con la visión de que el bloque camina con suma dificultad. “En estos momentos, el Mercosur no existe”.
