Con el canal atravesando literalmente a las viviendas del pueblo, hoy la comunidad de Anguinán padece lo que muchos otros gritan desde hace tiempo: La contaminación. El olor nauseabundo es durante casi todo el día, además de la gran proliferación de moscas y mosquitos, y los efluentes regando sus viñas, nogales, olivos y frutales. Insoportable, es la definición que utiliza Anguinán, donde años atrás los niños se bañaban en los canales. El mismo pueblo donde el gobernador tiene un barrio con su nombre y donde cada fin de semana –en su públicamente conocida finca-, organiza y delinea el futuro de los riojanos.



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