450 familias conviven con la putrefacción de Agroandina SAPEM en Anguinán
Un estanque repleto de basura, tomates podridos y desechos industriales, provee las aguas servidas que rodean a las viviendas de cientos de vecinos que son obligados a convivir con olores nauseabundos y la proliferación de moscas y mosquitos.
En agosto del 2012, más de 250 vecinos de la localidad de Anguinán advertían que les iban a arrojar desechos industriales en el estanque y que nadie se hacía cargo. Un año y medio después, se hizo realidad. Hoy conviven con un olor insoportable y mientras los funcionarios y autoridades brillan por su ausencia, ellos riegan sus plantaciones con los desperdicios y efluentes -sin tratar- de una fábrica administrada por el Estado. Pisoteados y avasallados vuelven a ponerse de pie y a exigir respeto. Por el aire, el agua y porque “Anguinán paga las consecuencias. En Chilecito se sacaron el problema de encima y nos mandaron todos sus desechos para nosotros”.
Con el canal atravesando literalmente a las viviendas del pueblo, hoy la comunidad de Anguinán padece lo que muchos otros gritan desde hace tiempo: La contaminación. El olor nauseabundo es durante casi todo el día, además de la gran proliferación de moscas y mosquitos, y los efluentes regando sus viñas, nogales, olivos y frutales. Insoportable, es la definición que utiliza Anguinán, donde años atrás los niños se bañaban en los canales. El mismo pueblo donde el gobernador tiene un barrio con su nombre y donde cada fin de semana –en su públicamente conocida finca-, organiza y delinea el futuro de los riojanos.
“Esa agua no llega a sus fincas, ni a las de familiares y amigos. No riegan con ella”. Para los pobladores, sólo los pequeños productores y vecinos en general, padecen las consecuencias de la falta de control, impunidad y avasallamiento. “Ellos no tienen problemas porque tienen dos o tres perforaciones en sus fincas. Ellos no sufren esta agua”, sostienen quienes día a día tienen que convivir con lo que desecha la SAPEM que más dinero le costó a los ciudadanos de la provincia.
Y el silencio de nuestros funcionarios es indescriptible. No tiene nombre. Incluso durante esta semana. Del ministro de Desarrollo Social Marcelo del Moral, el intendente Fonzalida, Silvia Gaitán, Raúl Andalor y la diputada nacional Griselda Herrera, entre otras autoridades que “visitaron la planta y dialogaron sobre la posibilidad de que el Estado adquiera diferentes productos para los distintos programas que lleva adelante Desarrollo Social de la provincia”. Ése fue el único anuncio que –con foto de por medio-, publicaron los medios oficialistas.
“Agroandina es un ejemplo de cómo se pueden hacer bien las cosas con nuestra gente…”, fue parte de las declaraciones de Marcelo del Moral, integrante del gabinete de Beder Herrera. Afirmación totalmente disímil y opuesta a lo que viven los pobladores de Anguinán, 1.800 personas que están en contacto directo con el vertedero de desechos industriales de la SAPEM de tomates.
¿Cómo es vivir en Anguinán?
El equipo periodístico de Diario Chilecito visitó la localidad y durante horas corroboramos in situ el sentir de la población.
Ruth Torres, madre de dos pequeños de 11 y 6 nos mostró “su” canal. El que rodea su vivienda y hace varios años… disfrutaba. “Vivo encerrada y mis hijos también porque el olor es tan fuerte que te hace doler la cabeza y hace dos semanas atrás nos enfermamos. Hay vecinos que hasta vómito les dio. A la mañana es tremendo y el olor se mete en la casa. Antes, a la siesta me sentaba al lado del canal a comer uvas, ahora es imposible”.
Rosa Pozo, de 73 años y con toda una vida en el lugar, relató su experiencia: “El año pasado sufrimos todo el verano y ahora igual. Hay que hacer algo porque ni las plantas se pueden regar. Es feo para nosotros los viejos y también para los niños que estaban acostumbrados a bañarse en el canal. Viví toda la vida aquí y este problema empezó hace unos años”.
Elizabeth Soria, vive al frente del canal y al igual que muchos vecinos, ratifica que “así no se puede vivir”. Con “el olor insoportable todo el día que da nauseas y hasta dolor de cabeza. Mi esposo tiene dolor de estómago y vómito constante. Es un olor a podrido muy fuerte, fétido. Seguramente por algún químico y no podemos regar con esa agua”.
Un dato que llama la atención: “Al principio cuando regábamos se sentía como olor a desodorante de piso. Ahora, el olor a podrido queda impregnado en la tierra. Justo ahora, cuando más agua necesitamos para regar”.
Patricia Mariani. A los 19 se fue Buenos Aires y hace un tiempo se instaló nuevamente en Anguinán. Vive junto a su madre Olga Lucero de 87 años y en estos meses se dio cuenta de lo cambiado que está su pueblo: “Viví aquí en la época cuando juntábamos agua del canal y la usábamos hasta para tomar. Hoy, olvidate. Revienta las plantas. Geranios, tomates, viñas…lo que sea. A las 7 de la mañana es un olor insoportable. Nos estamos intoxicando todos y como muchos tienen planes o becas, no dicen nada. Se tienen que quedar callados”.
“¿En manos de quién estamos? Es horroroso y la corrupción está tan enquistada en el sistema de gobierno que nadie hace nada. Y les conviene no concientizar a la gente sobre la contaminación, así pueden hacer lo que quieran. Porque pueblo que no se educa, pueblo que no protesta. Así estamos. Dejó de ser Anguinán, ahora es el pueblo de Beder Herrera”.
“Pisotean y avasallan nuestros derechos”
Ésta fue la frase de otro vecino. Dante Vega, quien junto a su mujer eligió Anguinán, un bellísimo pueblo, para vivir tranquilo. Hace 13 años atrás. Hoy, aclara ciertas cuestiones que quizás algunas autoridades y empresarios pretenden ocultar: “Anguinán tiene derecho de agua toda la vida y ese derecho no se puede avasallar. Quienes tienen grandes fincas no tienen problemas ni sufren el agua, porque tienen dos o tres perforaciones. Nosotros, no. Cuando se corta el agua las paredes del canal quedan con barro podrido, con algo negro como si fuera de cloacas y aunque pasen días sin agua, el olor no se va. Se llena de moscas y nos invade la podredumbre. ¿Y nuestros derechos? Los pisotean. No les interesa. No hay respeto alguno. Usted sabe lo que es vivir así, todos los días, a toda hora?. A nadie le importan nuestros derechos ni nuestra calidad de vida. Es como si no existiéramos”.
Al igual que su esposo, Zulma Chacón evidenció su preocupación además de exponer su férrea defensa al trabajo productivo. “Decidimos construir aquí, en la tierra de nuestros abuelos…y no puede ser que no podamos disfrutar de nuestro lugar. ¿Por qué tenemos que aceptar que los desechos y desperdicios sin tratamiento de una fábrica vengan a parar al corazón de nuestra casa? Deciden por nosotros, nuestro futuro, la calidad del aire que respiramos y hasta del agua que tomamos. Esto tiene que tener un límite”.
“Aquí todo se riega con esa agua y aunque nos opusimos a la obra, se quedaron quietos un tiempo para no mover el avispero… y cuando todos nos tranquilizamos, se dieron con el gusto de conectar todo ese residuo al estanque y sacarse el problema de encima. Pero… ¿por qué perjudicar a toda una población? Hoy, como jamás antes vimos, es una invasión de moscas y mosquitos y lo peor de todo es que nadie dice nada, porque son pocos los que viven de la tierra. La mayoría son empleados del estado o recibe favores políticos. A la gente que le dieron una casita en el barrio Luis Beder Herrera también le molesta el olor, pero no hacen ni dicen nada…”.
“Por no hacer las cosas como corresponde, Anguinán paga las consecuencias. Y de un capricho. Desde el primer día que la fábrica empezó a procesar sus tomates, comenzó el olor inaguantable, es peor que tener un chiquero de chanchos al lado. Mucho peor. Agroandina nos manda todos sus desechos y con eso, nosotros regamos nuestros viñedos”.
A tener en cuenta: Ley 4295
Código de Aguas. Derecho de Aguas promulgado en 1983, establece en su artículo 191 “Prohibición de contaminar” (del Libro V Defensa Contra los Daños de las Aguas. Título II Contaminación), que: “El derecho al uso de las aguas no comprende el deteriorar su calidad. Los terceros afectados por actividades que contaminen las aguas tendrán, además de las acciones que confiere el Código Civil para lograr reparación de daños y hacer cesar la actividad contaminante, acción para peticionar del Estado que éste tome medidas en contra del contaminador”.
Y los vecinos de Anguinán, lo hicieron. Antes de que Agroandina SAPEM en conjunto con el Estado, decidieran de manera arbitraria arrojar -junto con los desechos de la fábrica-, el problema a los otros.
Hoy, ver el estanque impresiona y olerlo, produce nauseas. Es imposible permanecer en el lugar por un tiempo prolongado. Aunque para las autoridades y funcionarios no sea para tanto. Para todos ellos, la invitación de los vecinos sigue en pie: “Cuando le preguntaron al señor intendente municipal sobre esto, él mismo manifestó que tenía menos acidez que el agua del Río Amarillo. Yo lo invito al intendente, a los concejales y al resto de funcionarios que vengan una mañana, una tarde o noche a Anguinán y veamos si aguantan estar aquí”.
Las promesas que el agua podrida se llevó
“Después del 27 de enero personalmente voy a ir a ver los filtros de la fábrica para que no tiren los desechos”, habría sido la respuesta que según aseguró Patricia Mariani, le dio Luis Juárez del Consorcio de Agua. “Hablé con él los primeros días de enero y me dijo que después del 27 iban a limpiar el estanque y que se comprometían a ir a la fábrica a ver cómo estaban los filtros”, nos aseveró la mujer mientras nos mostraba en su propia casa, varios tomates que había en el canal. Minutos antes de que nosotros tomáramos imágenes del estanque colmado de desechos.
Pero lejos de quedarnos con el impotente relato de los vecinos, acudimos a quienes están al frente de organismos y entidades relacionadas con esta situación. Del Consorcio de Agua aguardamos la confirmación de una cita, de la SAPEM Agroandina… también.
Distinta fue la reacción del titular de CARPA, Lorenzo Capece quien contundentemente respondió: “Agroandina está contaminando”.
También, nos aclaró que “luego de las reuniones mantenidas el año pasado con los productores, se habló con la gente de Agroandina y se iban a responsabilizar de que el agua llegue con el tratamiento adecuado. Era obligación de la empresa hacerlo. Lo último que nos informaron era que estaban terminando la planta de tratamiento para solucionar este tema, veremos cómo están las cosas hoy. Tomaremos nuevamente este reclamo y ver cómo incidimos porque teóricamente el agua que es para regadío y lo que vierte Agroandina, tendría que ser tratada y debería ser beneficiosa”.
Mientras tanto, los vecinos esperan una solución. Esperan una respuesta de quienes acudieron desde el año 2012. Consorcio, Instituto del Agua, Defensoría del Pueblo. Y también de sus concejales, diputados, intendente, del gobernador… el mismo que cada tanto los recibe para alguna fiesta patronal o más no sea, para un asado “oficial”. Con soluciones y no palabras que terminen ahogadas en un canal de promesas… con olor a mentira cloacal.
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