El llanto de las jóvenes estudiantes fue el corolario ante el avance de la policía, a raíz de la toma del Profesorado Castro Barros. La policía no midió que podrían ser sus propias hijas, como sucedió con el jefe de la Guardia de Infantería. La mayoría de las futuras maestras explotaron en llanto debido a la impotencia por un edificio educativo digno.





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