En este sentido, los datos del Ministerio de Economía correspondientes al 1° semestre de cada año muestran que:
- Entre los años 2003 y 2008, el empleo privado registrado pasó de 3,6 a 5,8 millones de puestos de trabajo, o sea, creció a razón de 10% anual.
- Entre los años 2008 y 2012, el empleo privado registrado aumentó de 5,8 a 6,3 millones de puestos de trabajo, o sea, la tasa de variación cayó a 2% anual.
- Entre los años 2012 y 2014, el empleo asalariado privado se mantuvo en el orden de los 6,3 millones de puestos de trabajo con una tasa de crecimiento de apenas 0,3% anual.
Los datos oficiales muestran que en los primeros 5 años, luego de la salida de la crisis, se crearon 2 millones de nuevos puestos privados formales, en los 4 años siguientes se generaron medio millón de puestos formales y en los últimos 2 años prácticamente no hubo variación en la cantidad de empleos privados. Es decir, la creación de empleos privados formales se comienza a desacelerar a finales de la década pasada y muestra signos de estancamiento desde el año 2012. La profundización de esta tendencia lleva a que se acumulen dos años que en la formalidad sólo se genera empleo público.
La evolución del empleo privado está ligada fundamentalmente al comportamiento del salario real y la bonanza internacional. En la primera etapa, la licuación del salario real producida por la mega devaluación del año 2002 y el fuerte aumento de los términos de intercambio externos fueron los motores del muy alto crecimiento en el empleo. A finales de la década pasada, la licuación del salario real desaparece pero los precios de las exportaciones siguieron siendo muy favorables. A partir del año 2012, la capacidad de generación de empleos privados quedó condicionada por el nivel elevado de los salarios reales y los precios internacionales que dejaron de aumentar.
En el año 2014 el salario real está cayendo producto de que la inflación es mayor a los aumentos nominales de las remuneraciones. Esto mitiga el ajuste en el empleo. Se trata de la principal diferencia entre la crisis actual con la de fines de la convertibilidad. Bajo un régimen de convertibilidad, al no poder devaluar y por ende licuar salarios con inflación, el ajuste se canaliza casi exclusivamente en destrucción de empleo. En la situación actual, por el contrario, la inflación y la devaluación llevan a un ajuste que combina disminución más atenuada del empleo privado con caída del salario real.
Frente al estancamiento del empleo privado, expandir el empleo público improductivo no es un paliativo. Por un lado, porque profundiza el desequilibrio fiscal motorizando la inflación y el deterioro del salario real. Por el otro, porque nombrar gente en el sector público para satisfacer favores personales o alimentar la militancia degrada al Estado. No se trata de posicionamientos ideológicos, sino simplemente de asumir que la falta de profesionalismo en el empleo público es el principal factor que cercena las posibilidades de construir un Estado que promueva el crecimiento con inclusión social.





