Sociedad

Nació de una violación y ahora lo condenan a perpetua por abusar y matar a una menor

Por Eduardo Nelson German · 22 de junio de 2015 · 00:51

5587d651caffaAntes del fallo que castigó lo imperdonable, la defensora oficial intentó un argumento. «Hernández –empezó– fue víctima desde siempre, desde que nació fue culpable de ser hijo de una violación, no fue querido, no fue amado y creció con el relato de ser el fruto de la culpa de la violación a su madre que nunca lo quiso, en la creencia (sin saber si es cierto) de que quiso atentar contra su vida.

Es por ello que Hernández va a seguir siendo víctima por todo el resto de vida que le quede, ya que cuando él internalice lo que ha hecho no sólo va a cargar con la culpa de ser el hijo no deseado, no querido, la prueba viviente de una violación, sino que va a cargar con la culpa de lo que le ocurrió a Keyla. Ningún niño nace siendo malo, somos el resultado de lo que hemos recibido, por lo que no es difícil concluir que Hernández es como es.»

Sólo después, según consignó Tiempo Argentino, el Tribunal de la Cámara Penal Nº 2 de Catamarca condenó a Manuel Hernández a la pena de prisión perpetua por considerarlo autor del homicidio calificado por abuso sexual con acceso carnal, criminis causa y femicidio de la adolescente Keyla Reinoso.

«Hernández fue víctima desde siempre, desde que nació fue culpable de ser hijo de una violación», dijo su abogada.

La mañana del 14 de diciembre de 2013, Keyla salió de su casa en el barrio Entre Ríos de Fiambalá, departamento de Tinogasta, en el oeste de la provincia. Avisó que iba a la carnicería, a unas pocas cuadras, pero después de esperar dos horas la madre comenzó la búsqueda que movilizó a todo el pueblo y que terminó tres días después. En una alcantarilla, a la vera de la Ruta Nacional 60, a unos dos kilómetros del paraje Guanchín que conduce al Paso Internacional de San Francisco, unos obreros encontraron el cuerpo envuelto en una sábana. Keyla tenía 13 años.

El albañil Manuel Hernández, apenas «Manolo» para los amigos, no tardó en ser apuntado por los investigadores. El sospechoso, que por aquel entonces tenía 41 años, solía ofrecerse con su camioneta para llevar a Keyla hasta el predio donde tomaba las clases de educación física a la hora de la siesta.

Cuando la policía irrumpió en la casa de Hernández, este ya se había ido. Recién fue capturado en Famatina, La Rioja, cuatro días después del hallazgo del cuerpo y se cree que llegó hasta allá viajando a dedo luego de abandonar su camioneta Ford EcoSport en Fiambalá. En el apuro se olvidó de limpiar los restos de sangre que arruinaron el tapizado del asiento trasero.

Acorralado por las pruebas, Hernández confesó que violó y estranguló a Keyla, y que después no vaciló en descartar el cadáver.

«Tenía pleno conocimiento y entendía la criminalidad de su acto», sostuvo el informe psicológico del condenado.

En el juicio, que finalizó el viernes, el fiscal Gustavo Bergessio había remarcado que el acusado era «alguien monstruoso por la perversidad con la que actuó contra la menor».

Además, alegó que Hernández «realizó un acto de total desprecio al haber cargado y llevado como una cosa el cuerpo sin vida de Keyla a un lugar de difícil acceso con la intensión de que no sea encontrado».

En su pedido de pena máxima, el fiscal sumó las declaraciones de una tía de Hernández, quien reconoció que su sobrino se había ido del pueblo a los pocos minutos de trascender la noticia sobre el macabro final de Keyla.

En el debate también se dio a conocer el informe psicológico y psiquiátrico del imputado. El documento concluyó que al momento del ataque «tenía pleno conocimiento y entendía la criminalidad de su acto, con una descarga desproporcionada de un ser violento y depredador con su víctima».

A su turno, la defensora Mercedes Gandia de Morcos opinó que su cliente era inimputable, pero advirtió que en caso de un fallo condenatorio era inapelable que Hernández recibiera tratamiento psicológico de por vida.

La ONU contra la violencia sexual

La Asamblea General de las Naciones Unidas adoptó por unanimidad establecer el 19 de junio como el Día Internacional para la Eliminación de la Violencia Sexual en Conflicto.

El proyecto fue una iniciativa de la Argentina y contó con el copatrocinio de 114 países.

La embajadora María Cristina Perceval, representante permanente de nuestro país ante las Naciones Unidas, destacó que esta resolución es un paso hacia adelante en la eliminación de la violencia sexual en medio de un conflicto, dado que es una herramienta para generar conciencia sobre dicho delito de guerra y crimen de lesa humanidad, siendo las víctimas mayoritariamente mujeres, niñas, niños, minorías étnicas y religiosas.

“No debemos sacar el foco de las víctimas, utilizadas en conflicto como arma de guerra para humillar, dominar, someter y degradar su humana dignidad. Ellas tienen que ser el primer objetivo de todos nuestros esfuerzos”, aseguró Perceval.

“A pesar de estar frente a cientos de obstáculos y peligros han mostrado un inmenso coraje  para alzar su voz contra esta atrocidad”, dijo la Representante Especial del Secretario General para la Violencia Sexual en Conflicto, Zainab Hawa Bangura.

Una acusación que avanza en Catamarca

Manuel «Manolo» Hernández es el segundo condenado por femicidio en Catamarca.

El primero en ser juzgado bajo esa imputación fue Andrés “Negro La Carpa” Quiroga, a quien en junio de 2014 el Tribunal de Cámara de la Primera Nominación condenó, en un fallo unánime, a prisión perpetua por asesinar y luego desmembrar a su ex pareja y madre de sus dos hijos, María Rita Valdez, entre el 2 y el 5 de marzo de 2013. Los restos de la joven, casi en su totalidad, fueron encontrados en el dique El Jumeal.

Damián «Bebe» Cano será el próximo en rendir cuentas ante la justicia, ya que también se encuentra imputado por homicidio agravado por femicidio y alevosía por la muerte de María Eugenia Rojas, ocurrida en enero de 2013.