Las economías regionales tienen otra espiral negativa, la de la vid y los vitivinícolas. Sin exportar, se saturó el mercado interno, donde los excedentes deprimen el precio del vino, y las empresas subsisten como pueden. La palabra de productores y dirigentes rurales
La situación de la vid y de los vinos no es ajena a la crisis terminal que amenaza como un dragón de mil cabezas a las economías regionales. Las empresas del sector trabajan a pérdida, y si siguen en actividad es por venir financiándose al “modo de subsistencia”. A un mes para las elecciones, el sector vid (lejos de ser vip) le reza a las próximas autoridades por bajar a tierra una política agropecuaria en que las variables económicas les permita volver a hacer rentable el negocio.
Por un lado está la situación de las bodegas. Los industriales no pueden colocar vinos en el mercado externo a raíz de los altos costos internos en dólares. Y debido a la gran caída en las exportaciones, la mercadería queda en nuestro país, donde el consumo no logra absorberla en su totalidad. Una importante merma en la venta de vinos acrecentó el stock en las bodegas y, por lo tanto, bajó la demanda por la uva, repercutiendo en los precios percibidos por el productor.
Precisamente, el precio de la uva recibido por los productores sólo ha subido entre un 10% y 15%, mientras que los costos se les incrementaron hasta un 80%. En la cadena comercial, según un estudio realizado por la comisión de economías regionales de la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME), la distorsión de la brecha entre el precio que recibe los productores y los que paga el consumidor en góndola llega a superar el 1500%, y el mes pasado, en la uva la diferencia fue de de 48,9% (si bien este producto específicamente no está en su estacionalidad y es la época de menor consumo en el año). Frente al espiral negativo, las empresas de la vid y las vitivinícolas tuvieron que reducir la superficie de producción, decayendo al mismo tiempo en cuanto a la calidad.
Las principales zonas productoras que sufrieron el impacto son la cuyana, con Mendoza, San Juan y La Rioja, Salta, Río Negro y Neuquén, donde el total del empleo en riesgo trepa a 156.000, en tiempos en los que el combo hace que se contrate menos mano de obra y se compren menos insumos.
Los “mareados”
Departamento de 25 de Mayo, provincia de San Juan. Una finca sin nombre, con producción de pasas de uva, donde hace tiempo “se cuida de no sumar gente, aunque no tuvimos que despedir”, explicó a diario Hoy el productor viñatero, Juan Vizcaino (36). “La producción es igual que la uva común, lo único es que para las pasas hay un secado y un proceso industrial, como la otra uva que entra a las bodegas. Ellos son los que están más críticos, les pagan 75 centavos el kilo de uva”.
Un mercado deprimido con “el problema del dólar planchado y la inflación; al no ser competitivos no podemos vender y el único parámetro de ajuste es la materia prima, que cada vez vale menos, estamos fundidos” se lamentó Vizcaino, en un fin de semana engripado que apenas le permitió levantar el teléfono.
No es el deporte argentino de protestar por protestar, es el reflejo que deja este Gobierno a punto de despedirse. Como en todas las economías regionales en general, con el precio de la uva se observa lo mismo: “viene bajando, el año pasado costaba 2,50 el kilo y este año vale menos de un peso. Hoy nadie crece, nadie planta”, refunfuñó el productor.
A la espera de que haya una reinserción del sector agropecuario en la economía nacional, Carlos Iannizzotto, vicepresidente de Coninagro (donde se agrupa el sector cooperativo agrario del país) y caso testigo de la crisis de la vid y los vinos (también es miembro de FeCoVitA, la federación de cooperativas vitivinícolas más grande del país), subrayó sobre la escasa rentabilidad que “nos afecta el tema del atraso cambiario y el mercado externo. Al no tener posibilidades de exportar nuestros productos porque están fuera de competencia ya que nuestra moneda está sobrevalorada, mucha producción tracciona al mercado interno y eso hace que haya un exceso de oferta y precios a la baja. Esto, sumado a que los costos en materia salarial e insumos aumentan, hace que el productor se convierta en variable de ajuste. Si bien hay demanda en el exterior, al no haber políticas previsibles y consensuadas por el sector productivo, se producen desajustes muy fuertes”.
Productores denuncian “fundamentalismo”
La Cámara Riojana de Productores Agropecuarios (CARPA) advirtió ayer que el «fundamentalismo» que ejerce el gobierno nacional con sectores con los que sigue enfrentado prejudica a las economías regionales dado que, dicen, la inflación los «está matando» y se sienten «excluidos».
Roberto Mantovani, presidente de CARPA, describió con números la gravedad de las crisis que viven las economías regionales en la provincia y el país y apuntó que el enfrentamiento del gobierno nacional con varios sectores «es una cuestión de fundamentalismo, es unos contra otros».
«Es un estado pseudo-progresista pero son ultra de derecha y los que estamos en el medio que estamos hartos, podridos, la vemos pasar”, añadió.
Mantovani también señaló que los productores agropecuarios de La Rioja, sobre todo los vitivinícolas, olivicultores y nogaleros, «estamos con los mismos precios desde hace cuatro años».
El dirigente que participó del congreso de Federación Agraria expresó que «el peor impuesto que tiene un país» es «la inflación, que nos está matando».
Pero el gobierno nacional «no hay forma de que entienda» que «los productores que pretendemos vivir de nuestro trabajo, de la tierra, estamos excluidos», añadió Mantovani.
Además, dijo que en 35 años de trabajo «nunca en mi vida he visto que queden 20 millones de kilos de uva sin cosechar documentados con actas de escribanos públicos» y conocidos por el área de Agricultura de la Nación.
Mantovani informó que en la actualidad el kilo de uva se paga a «1,30 pesos o 1,40» al productor de Chilecito que se va a «1,80» con el subsidio del gobierno y paga «0,40 de flete».
Así «es imposible sobrevivir», apuntó y explicó que un productor mediano, de más de 20 hectáreas, «produce en el orden de 2,80 pesos y lo vende a 1,50 pesos».
El kilo de aceituna se paga «3 pesos» mientras hay una «cosecha excepcional y un mundo ávido de aceite» que paga «3.700 dólares la tonelada de virgen extra».
Pero en Argentina «el dólar está planchado, se mueve gateando y la inflación y los costos nuestros van en fórmula uno».
Por Diario Hoy de La Plata



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