José Chediack lidera una compañía con base en San Juan y olivares en Chilecito, La Rioja. Comenzó con plantines, luego aceite a granel y, de a poco, fue desarrollando su propia marca, Oliovita. Hoy, exporta aceite de alta calidad y ofrece marcas blancas para hipermercados, entre otros. En una actividad donde España y otros países de la cuenca mediterránea lideran, la Argentina es un actor con un menor volumen, pero con mucha proyección.
Su mayor reclamo se ubicó en torno de las reglas de juego: en 2009, en plena crisis internacional, su firma hacía un esfuerzo terrible para colocar un contenedor por semana en 2000 bocas en los Estados Unidos y otras 2000 en Brasil. Por medidas discrecionales y unilaterales, perdió sus clientes y debió comenzar de nuevo.
«Los países más competitivos tienen su infraestructura bien armada, con caminos, puertos, distribución demográfica y más. Acá faltan clusters en las provincias y más vínculo con los países vecinos», definió Chediack. Un solo ejemplo le bastó para graficar su realidad: «Nuestros costos de transporte al puerto son mayores que desde Buenos Aires al hemisferio norte. Hace falta revisar la estructura económica para que la gente tenga trabajo genuino, que genere valor, y no que tenga que mudarse al conurbano a ver cómo lo subsidian». Para los tres exponentes que se animaron a contar su caso en primera persona, el Estado tiene una mirada alejada de las preocupaciones de los productores. «Nosotros nos vivimos ajustando. El ajuste es la palabra que más escuchamos, pero para el Gobierno es como si no existiera. Nos falta perspectiva, rentabilidad y una mejor política ganadera», dijo Lazzari. Y Chediack reforzó la idea, en particular en la referido a hacer crecer la actividad. «Para desarrollar una economía regional se requieren reglas claras y tiempo para amortizar las inversiones. La política monetaria y fiscal debe contemplar esto para que no te sorprendan a la mitad del proyecto», subrayó. Y Barzi se sumó al afirmar que «en la viticultura es fundamental llegar a fuentes de financiamiento accesibles».
Costo argentino
Según Chediack, en la pérdida de competitividad hay un montón de razones y variables que no tienen que ver sólo con el dólar y el tipo de cambio, sino también el famoso costo argentino. «Hay tanto para mejorar, porque los países con mejor competitividad fueron aquellos que tenían monedas más fuertes. Lo que pasa es que tienen su infraestructura en condiciones, sus rutas, sus puertos y su estructura impositiva tan bien organizada que facilita la importación y la exportación. El problema de la infraestructura no es menor», se lamentó el empresario.
Otro punto preocupante que se abordó en el panel fue la estigmatización del empresariado. Así lo vive Lazzari, quien destacó: «Necesitamos invertir la carga de la prueba. Vamos a un ministerio y nos sentimos culpables. Los jóvenes se están volviendo al empleo antes que ser emprendedores o empresarios. Saquémosle mochilas a los empresarios; confiemos en su capacidad para generar riqueza y negocios. No podemos pedir permiso a cada momento para hacer negocios».
Con todo, este panel de voces en primera persona concluyó con una mirada alentadora de parte de José Chediack. «Para 2050 habrá 9500 millones de habitantes en todo el mundo. La oportunidad es mejorar la productividad de las zonas actuales o extender las fronteras agrícolas. Los recursos tecnológicos y financieros hacen que eso sea posible. Necesitamos reglas claras y estimular la formación. Pensemos en la exportación y luego vemos cómo abastecernos en el mercado interno. Tenemos que invertir la mentalidad», concluyó.



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