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Transformarán su materia prima para ofrecer alimentos en las góndolas del mundo

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Una de las formas en que Argentina deje de ser un país agroexportador es avanzar en los eslabones de la cadena productiva desde del agregado de valor. Eso es precisamente lo que la nueva gestión buscará hacer en los próximos cuatro años. Para eso otorgará créditos a tasas subsidiadas destinadas a capital de trabajo e inversión productiva. El fin es empezar a mover la agroindustria y llevar al mundo menos commodities y más alimentos procesados.

El indicador semestral de complejos exportadores publicado por el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (Indec), muestra a las claras que las materias primas (soja, maíz, trigo y frutas) lideran los envíos al exterior en el 2015. Es claro que Argentina se destaca en el mundo por ser un gran productor de commodities.

Para modificarlo el Ministerio de Agroindustria empezó a armar las bases con el objetivo de transformar la agricultura. En este punto la nueva cartera presenta una serie de cambios. Una de ellas es la subsecretaria de alimentos y bebidas que analizará la cadena en forma horizontal y transversalmente. Ambas estudiarán todos los proyectos que se irán presentando.

La maquinaría agrícola tendrá su lugar. El país es líder en la siembra directa sin embargo se sigue importando y el balance es negativo. Para paliar ésto se formarán clusters impulsando a que las empresas se asocien en la búsqueda de especializaciones para abastecer el mercado interno.

Uno de los pilares será el otorgamiento de préstamos a proyectos de segunda y tercera generación. Finanagro, será la dirección a cargo de este tema. En este punto habrá dos clases de financiamiento: capital de trabajo (dinero rápido para sembrar por ejemplo trigo) y luego inversión productiva como hacer un molino harinero o una sala de máquinas en el tambo. Ambas estarán subsidiadas y rondarían entre 4 a 6 puntos porcentuales de lo que tengan los bancos. Ya varias entidades públicas y privadas están cerrando acuerdos con el Ministerio.

TRABAJO

La cadena agroalimentaria (CAA) de transformación de grano y pasto en proteína animal genera una demanda promedio de nueve puestos de trabajo cada 100 hectáreas, mientras que la cadena sojera exportada como commodities genera sólo un puesto de trabajo directo cada 100 hectáreas.

Estos datos coinciden con el trabajo de Mapa de Cadena Agroalimentaria de Argentina de la Cepal, donde se indica que la CAA de la soja genera 193.894 puestos de trabajo y ocupa 18,5 millones de hectáreas, lo cual señala un puesto de trabajo directo cada 95,4 hectáreas.

Se entiende entonces que agregar valor es dar más trabajo. En ese sentido la nueva cartera priorizará la creación de distintas plantas de biocombustibles. “Se impulsará su instalación en el interior de país y para ésto el Consejo Federal Agropecuario será muy importante”, sostuvo el secretario del Agregado de Valor, Néstor Roulet.

También se apuntará a la bioindustria que no es más que la transformación de todos los residuos del campo en materiales necesarios en la aeronáutica o automotriz.

ASOCIATIVISMO

Una de las formas para que la Argentina reduzca su situación de ser sólo un país exportador de materias primas es avanzar en su transformación en manos del propio productor. Para lograrlo, el hombre de campo debe empezar a formar parte de la cadena productiva a través del asociativismo, una herramienta que hará que crezca no sólo en lo económico sino también en lo social en los próximos diez años.

Roulet reconoce que “el productor es individualista y competitivo. Pero los sistemas asociativos son muy fuertes y vamos a trabar sobre eso”. El funcionario adelantó que se darán todas las condiciones para que en cada pueblo “haya un emprendedor con proyectos en la mano”.

La agroindustria no sólo permitirá agregar valor sino también tendrá como objetivo generar nuevos puestos de trabajo al conseguir que la sumatoria de ganancias permita también que crezcan los pueblos del interior donde se desarrolla la producción. Pero para llegar a esto será necesario establecer políticas a largo plazo que permitan que el campo y la industria se unan.

El camino no es fácil. Es sabido que la Argentina no dejará de ser un país productor de materias primas, pero sí podría equilibrar la balanza en el saldo comercial de forma que éste repercuta sobre la sociedad.

Productores que lograron la diferencia

Una de las formas para ir cambiando el modelo productivo es que el productor forme parte en todo los eslabones de la cadena. Esto es lo que entendieron distintos pequeños y medianos productores que lograron diversificar su materia prima.

Los ejemplos son muchos y abarcan la región: NOA, NEA, Cuyo, Pampeana y Patagonia.

Uno de ellos es BIO4, como sus siglas bien lo dice, se trata de una planta de etanol constituida por 23 productores de maíz oriundos de Río Cuarto, Córdoba. Sus fundadores se dieron cuenta de que parte de su materia prima era exportada como tal y otra transformada en biocombustible. Ahora son parte de todo el eslabón

También esta el caso de Amylum, conformada por 10 productores de sorgo, que hoy dejaron de enviarlo como grano y exportan sus derivados de harina y almidón a Brasil, Bolivia, Perú y China.

Otra es la Asociación Aimoarauco integrada por 10 productores olivícolas de Arauco, departamento de La Rioja; los cuales vendían a granel su producción a distintas industrias y hoy lo hacen en forma conjunta.

Francia, España, Italia, Alemania, entre otros, son países formadores de precios gracias al alto procesamiento de alimentos elaborados sobre la base de productos del sector agropecuario. Hacia ahí debe ir la Argentina. Es el productor el que tiene todas las herramientas para lograrlo. De él depende.

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