El ex presidente había manifestado que sabía quiénes mataron a su hijo, pero se amparó en el secreto de Estado para guardar silencio.
El ex presidente Carlos Menem ha vuelto a afirmar que la muerte de su hijo Carlos Facundo, más conocido como Junior, ocurrida mientras piloteaba un helicóptero en marzo de 1995 sobre la ruta nacional N° 9, fue obra de un «atentado criminal». Lo hizo en la causa del juez federal de San Nicolás, Carlos Villafuerte Ruzo, que hace años se había archivado con la conclusión de que se trató de un accidente. Ahora, sin ningún dato concreto que fundamente su afirmación, Menem agregó que la responsable fue Hezbollah, la agrupación musulmana que opera en el Líbano con un brazo político y otro militar.
El ex presidente había manifestado que sabía quiénes mataron a su hijo, pero se amparó en el secreto de Estado para guardar silencio. En 2014, tras sostener durante 19 años que fue un accidente y rechazar la tesis del atentado, el actual senador por La Rioja cambió y adhirió a la versión del atentado, que es la que siempre sostuvo su ex esposa Zulema Yoma.
Pero toda la prueba del expediente demuestra que se trató de un accidente, incluyendo a los numerosos testimonios de testigos que se encontraban sobre la ruta y vieron a la aeronave efectuar peligrosas piruetas. La caída, tras chocar contra unos cables, causó la muerte del hijo de Menem y su acompañante Silvio Oltra. Las pruebas judiciales son contundentes. Las sólidas conclusiones de Villafuerte Ruzo fueron convalidadas por la Cámara Federal de Rosario, y tanto la Cámara de Casación como la Corte Suprema de Justicia rechazaron recursos de la señoraYoma.
Por pedido del juez, la Presidencia relevó a Menem del secreto de Estado y el magistrado fijó una audiencia para el 3 del actual, en la que Menem debía declarar en su despacho del Senado. Pero días antes de esa fecha, el ex presidente pidió cancelar la audiencia, al aducir que ese día tenía una agenda complicada. Finalmente, cuando la audiencia se concretó, el viernes pasado, Menem sostuvo en un escrito que Hezbollah fue el responsable del crimen, pues así se lo confió su canciller Guido Di Tella a partir de hipótesis de servicios de inteligencia extranjeros cuyo contenido le habría sido referido a Di Tella en las embajadas de esos países. El abogado de Zulema Yoma, Juan Labaké, se mostró indignado y calificó su declaración de «mentirosa» y la audiencia, de «muy tensa», pues el ex presidente se negó a responder preguntas y a brindar más datos.
Las graves contradicciones, ese extraño silencio y la vaguedad de lo informado por Menem permiten poner en duda el valor de su declaración, que difícilmente pudo estar amparada antes en el secreto de Estado, pues se trataba de meros dichos de oídas, máxime cuando Di Tella falleció hace ya varios años. En el improbable caso de que fuera cierto lo que declaró, tras escuchar a su canciller Menem debería haber ordenado a la SIDE que averiguara la verdad y obtuviera copia de aquellos presuntos informes, pues se trataba de algo grave que, para colmo, se refería a la muerte de su hijo. Tan sospechoso fue su testimonio que el abogado de Yoma dijo que pensó acusarlo de falso testimonio.
Es comprensible el dolor de los padres ante la muerte de un hijo, pero no por eso puede insistirse en una mentira fundada en otros intereses, familiares o económicos, que bastardean la labor judicial. Nadie, y mucho menos un ex presidente o su ex mujer, pueden usar una investigación judicial con otras finalidades que no sean la búsqueda de la verdad. Y menos aún pueden hacerlo cuando se trata de la muerte de su hijo.
Fuente: Editorial de La Nación



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