Alberto Paredes Urquiza plantó durante la semana al Presidente para no escuchar que debía eliminar las tasas municipales de las boletas de los servicios públicos y bajar el gasto público, entre ellos la planta de empleados estatales.
Mauricio Macri se reunió con los intendentes que fueron «ayudados» por la Nación y el jefe comunal riojano se quedó en su oficina y luego disertó en la provincia de Mendoza.
Paredes Urquiza agradece la obra pública nacional, pero siempre deja su frase de cabecera: es peronista. Primero se lo asoció con Julio Martínez de Cambiemos para que trabajara por la candidatura a gobernador del radical y luego envió otro mensaje político: tiene las mismas ambiciones.
El paredismo se muestra como la alternativa entre el peronismo tradicional y el golpeado macrismo. El primero con la interna viva entre el gobernador Sergio Casas y su gente contra el ex mandatario y titular del PJ, Luis Beder Herrera. El segundo con una situación nacional que nadie sabe cómo puede terminar. De esa forma, se presenta como el tercero en discordia.

El municipio en su pretensión de llegar a la Gobernación debe además cumplir con las tres B (barrido, bombitas y bacheo) en el marco de la escases de fondos. Sin embargo, el secretario de Hacienda, José Martínez, se dio su tiempo para mostrarse en Chepes como un armador político del sector.
Paredes Urquiza está en la misma situación que Martínez, no tiene públicamente el apoyo de los caciques departamentales. Más allá de la lógica discursiva, es clave contar con el aval de los intendentes o diputados de cada departamento, ya que de no ser así, siempre aparecen como los capitalinos ante la olvidada sociedad del interior.
Heber Sirerol también jugó con la lógica de cualquier sector político: ambición de poder. Hizo circular un afiche digital por el 2019.







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