Sirvió en las elecciones legislativas del 2015 y 2017. La sociedad riojana pedía a gritos un cambio y lo tuvo: hoy no piensa lo mismo. Quería darle un golpe al peronismo y el discurso de Cambiemos los enamoró: hoy ya no.
Desde hace casi tres años, la oposición al gobierno peronismo provincial solo usó discursos rimbombantes, pero con falta de contenido para el común de la sociedad.
Cambiemos levantó las banderas de la corrupción y se asoció con peronistas que habían ellos mismo acusado. Luego remarcó que Sergio Casas era Luis Beder Herrera y hoy se quedó sin palabras, los hechos dicen lo contrario.
Mientras que la oleada de los males de Mauricio Macri llegó para quedarse y así lo sintetizan todos los sondeos de opinión.
Hace un año y medio atrás el justicialismo no tenía ninguna chance de continuidad, hoy no existe rechazo social a la intentona reeleccionista por encima del discurso opositor que lo centra el radicalismo (no aparece el PRO) y el paredismo (peronista en La Rioja y macrista en Buenos Aires).

La desesperación de Julio Martínez lo llevó de ser considerado «sandía» (crece en las encuestas echado) a decir que los actuales peronistas no son peronistas. «Los que hoy gobiernan no los representan, son un grupo de conservadores que sólo buscan retener el poder a toda costa para beneficio personal», dijo el radical criticado por Raúl Alfonsín (h) por levantar las banderas de El Famatina no se toca y trabajar para un presidente prominero.
Es más, Martínez dejó la soberbia política de lado para decir: «Hago el compromiso público, de buscar los acuerdos de todos los riojanos de bien que pensamos distinto a este régimen».
Lo que pasó es que el senador hace un año y medio ya era gobernador, hoy está tercero en la último encuesta del Ministerio del Interior.
El radicalismo de Cambiemos (se diferencia al PRO) creyó que las acusaciones solamente periodísticas servían para mantenerse como alternativa y relucir un asfalto de una ruta nacional compensaba ese pensamiento. No alcanzó, ya que los sondeos le pegaron en el corazón. Ni usar otro caballito de batalla que «nunca La Rioja recibió tanto dinero», pese que la inflación destruyó hasta los suyos.
Paredes Urquiza tampoco se salva de esa lógica, ya que está en una curva descendente en todos las encuestas por su «mala» gestión como intendente municipal.
El capitalino rechaza ampliamente (80%) que se use dinero público para hacer campaña en el interior y lo tomó como una cachetada llevar insumos a instituciones que no tienen nada que ver con la vida cotidiana en la ciudad.
El intendente también creyó que la ampliación de la avenida 1 de Marzo (hiper promocionada en todos los spot municipales) taparía la nula recolección de residuos, la falta de iluminación y la destrucción de las calles, y hasta salir a decir alegremente que se fundió la empresa Munibus, que costó millones a los habitantes del primer departamento de la provincia.
Tanto Martínez como Paredes Urquiza pecaron en base al plan «Nada», solo acusar al otro cuando lo que se viene son las elecciones por el poder provincial. Allí la sociedad, la gran mayoría empleados públicos, deja de lado los enojos y piensa quien les da garantía en el pago de sueldos, algún plan estatal que los beneficie y hasta que no se vaya antes por la falta de un proyecto de provincia.
El único discurso que los puede mantener en la consideración pública es oponerse a Sergio Casas en su idea de reelección.
Si la sociedad continúa con el silencio, que se da en todos lados, quedará como anécdota, ya que el gobernador supo elegir el momento para divorciarse de Luis Beder Herrera y destinar una inversión similar como Vaca Muerta en el verano caliente riojano para que se reactive la alicaída economía riojana por la recesión, desocupación e inflación macrista.
La conferencia de prensa de Martínez y Paredes Urquiza






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