La Rioja, caso testigo: Los reproches cruzados suman tensiones en Cambiemos

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La tensión se hizo visible tras la victoria electoral del diputado nacional del radicalismo Daniel Kroneberg contra el dirigente del PRO, Carlos Mac Allister, en la interna por la gobernación de la provincia de La Pampa. Pero preexistía, de manera subterránea desde bastante tiempo antes.

La puja por espacios de poder en los territorios y la definición de las listas que competirán en las elecciones de este año, con los armados en cada provincia, amenaza con aumentar esa tensión, que ya tiene tiene varias declaraciones pública en contrapunto y otros tantos reproches en privado. Sin que esto ponga en riesgo el frente oficialista, pero generando un inconveniente más en un contexto complicado para el Gobierno.

Los radicales más cercanos a la mesa chica de la Casa Rosada ponderan la presencia de los candidatos del partido encabezando listas en buena parte de las provincias. Incluso, varios en donde Cambiemos puede competir con posibilidades. Los más disgustados critican la escasa participación en las decisiones (no ya del Gobierno, sino de la alianza que conforman) y suman desconfianza ante algunas acciones del PRO. En algunos de ellos, de manera más desembozada o menos directa, lo que existe es clara incomodidad ante la marcha de la política económica y cierto sesgo ideológico del Gobierno. Entre éstos nació la idea de solicitar primarias para competir con el presidente Mauricio Macri. Pedido al que se han sumado, más como acto de presión para negociar que por convencimiento, actores más consustanciados con la marca Cambiemos. Por caso, causó cierta sorpresa que Ernesto Sanz, uno de los fundadores de la coalición, luego de varios meses de silencio, saliera a hablar del tema como una posibilidad.

Según el diario El Economista, a esa lista, el radicalismo le suma el escaso apoyo del Gobierno al pedido del partido en la provincia de La Rioja para evitar que el gobernador peronista Sergio Casas persista con su intento de segunda reelección. Allí la lectura de los radicales es que el Gobierno está comprometido (implícitamente, por lo menos), en Río Negro, con el triunfo del actual gobernador Alberto Weretilneck, con parecidos cuestionamientos por parte de sus rivales. En esa provincia patagónica, Cambiemos presenta candidatos propios, con dos referentes radicales (Lorena Matzen y Flavia Boschi) que tienen pocas posibilidades de convertirse en competitivas.

El PRO cuestiona la baja intensidad de la defensa del Gobierno en contextos adversos y falta de generosidad en los armados.

Desde la Casa Rosada hay enojo y algunas cuotas de desdén. Consideran que hay una estrategia en curso y que van a desarrollarla. Apuestan a consolidar Cambiemos, pero también tienen sus reproches. Por ejemplo, le cuestionan baja intensidad de la defensa del Gobierno en contextos adversos y falta de generosidad en los armados. Y mencionan la negativa del radicalismo a ceder la candidatura a vicegobernador de la provincia de Mendoza en la lista que encabeza Rodolfo Suárez. El PRO presentará la propia con Omar de Marchi como candidato y se enfrentarán en primarias en otro duelo que puede traer derrota para la Casa Rosada.

Dos escenarios, en ese sentido, muestran el menú de posibilidades. En Santa Fe, el radicalismo logró el tipo ideal de acuerdo posible. El intendente de la ciudad capital José Corral será el candidato único de Cambiemos, acompañado por la dirigente del PRO Anita Martínez. El PRO, precisamente, hizo su contribución dejando a un lado la precandidatura del diputado provincial Federico Angelini. En Córdoba, en tanto, abundan las complicaciones. Con dos precandidatos radicales, para colmo. El diputado nacional Mario Negri tiene el apoyo explícito de la Casa Rosada, además del de la Coalición Cívica y el espacio de Luis Juez, mientras que el intendente de Córdoba, Ramón Mestre pretende hacer valer el peso de la estructura provincial del radicalismo y del poder territorial de los intendentes. Sin margen para llegar a un consenso, ambos decidirán en internas abiertas el próximo 17 de marzo. En un clima de acusaciones cruzadas. Por caso, las que Mestre lanzó contra el jefe de Gabinete Marcos Peña y el ministro del Interior, Obras Públicas y Vivienda Rogelio Frigerio de haberlo presionado para que “se baje”.

La seguidilla de cierres que se viene es posible que genere espacios para acercar posiciones y disminuir las tensiones. De que esto suceda depende en buena medida la suerte (ya más esquiva) del Gobierno en su camino a las elecciones.