El vicepresidente de la Unión de Industrias Riojanas (UNIR), Juan Carlos Serrano, advirtió sobre la «pérdida progresiva» de puestos de trabajo. «Lo peor aún no llegó», sentenció, y anticipó un agravamiento de la situación tras las elecciones de octubre.
El sector industrial del norte del país atraviesa un escenario crítico, según las propias voces de los empresarios. En La Rioja, el vicepresidente de la Unión de Industrias Riojanas (UNIR), Juan Carlos Serrano, describió la situación como de «pérdida progresiva de puestos de trabajo, que no se da a través de despidos masivos sino de una manera silenciosa y constante».
En un diálogo con Radio y Televisión Riojana, Serrano detalló que en una semana «se van tres o cuatro personas».
Con un cálculo de 30 semanas, esto se traduce en más de 250 trabajadores que pierden empleos en blanco, con paritarias y obra social, sin que el hecho se haga público. El empresario lamentó que, si bien la industria no considera al personal como una variable de ajuste, llega un punto en que mantener la estructura se vuelve «insostenible» y se ven obligados a tomar «decisiones dolorosas». «A veces, uno tiene que mirar a la cara a su gente y decirle que no tiene trabajo para darle, no porque hizo algo mal, sino porque el contexto no lo permite», expresó.
Serrano fue aún más pesimista en su pronóstico para el futuro. Advirtió que «lo peor aún no llegó» y anticipó que las proyecciones económicas que circulan en el sector vislumbran un agravamiento de la recesión y la inflación después de las elecciones de octubre. De cumplirse este pronóstico, la industria nacional tendrá que enfrentar «tiempos aún más complejos».





