El Gobierno riojano estaría evaluando la privatización del agente financiero de la provincia, el Banco Rioja S.A.U., luego de que una auditoría interna arrojara supuestas irregularidades en los gastos. La decisión se enmarca en un contexto de altísima tensión fiscal y un informe de Moody’s Local que confirma la debilidad estructural de la entidad.
El gobernador Ricardo Quintela se enfrenta a una de las decisiones económicas más trascendentales de su mandato: la posible venta del Banco Rioja S.A.U., el banco que actúa como agente financiero de la provincia. La evaluación surge de una auditoría interna que, según trascendidos de fuentes oficiales, habría detectado irregularidades y excesos en los gastos de la entidad.
Este movimiento no es casual. Ocurre en la misma semana en que Quintela purga a todo su Gabinete tras la pírrica victoria electoral y en medio de una guerra abierta con la Nación por los fondos. La venta del banco, si se concreta, sería un quiebre histórico en el modelo de control económico del peronismo riojano.
La bomba de tiempo financiera: pura deuda y riesgo provincial
Más allá de las presuntas irregularidades internas, el Banco Rioja arrastra una fragilidad financiera estructural que lo convierte en un pasivo político y económico, según lo confirma el informe de Moody’s Local AR Agente de Calificación de Riesgo S.A. de julio de 2025.
- Rentabilidad crónica negativa: La entidad presenta una rentabilidad negativa en términos reales. El retorno sobre el capital (ROE) fue de -3,7% al cierre de 2024 y reportó un ROE negativo del 11,1% en los últimos 12 meses a marzo de 2025.
- Morosidad creciente: El débil entorno macroeconómico de La Rioja continúa presionando la morosidad del banco, cuyos principales deudores son empresas y empleados públicos de la provincia. A marzo de 2025, la mora ascendía al 6,4%.
- Exposición al soberano: La calificación del banco refleja su estrecha relación con la Provincia de La Rioja al ser su agente financiero66. La Rioja depende altamente de las transferencias del Estado Nacional, las cuales pueden verse restringidas en el actual escenario político-económico, lo que impactaría directamente en la calidad de los activos del banco7.
La encrucijada política: ¿sostener el control o aliviar el peso fiscal?
El Banco Rioja es una herramienta clave de control político para el peronismo, ya que maneja las cuentas sueldo de los empleados públicos y el fondeo de los organismos oficiales8888. El 60% del fondeo total del banco a fines de 2024 provenía del sector público9.
La decisión de Quintela de analizar su venta es una admisión tácita de la gravedad fiscal. El gobernador se encuentra en un dilema:
- Venta (opción drástica): Aliviaría la presión financiera sobre la provincia, que ya no podría realizar aportes de capital en el corto plazo debido a su propia situación económico-financiera, pero perdería una palanca de poder esencial.
- Saneamiento (opción riesgosa): Implicaría una purga no solo en el Gabinete Ejecutivo, sino también en las empresas públicas, buscando frenar el «desgaste y la corrupción» interna. Sin embargo, mantener un banco con rentabilidad negativa y alta exposición al riesgo provincial es un factor que podría generar un deterioro de la calificación si el desempeño financiero de la Provincia sigue decayendo.
La potencial venta del Banco Rioja, o la simple amenaza de hacerlo, se convierte en el nuevo eje de la guerra de poder en La Rioja, donde el libertario Martín Menem y la oposición fiscalista miran con atención los movimientos del gobernador.
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