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La tesis del «voto miedo» de Quintela y la doble derrota política que lo obliga a negociar


El gobernador riojano atribuyó la pírrica victoria de LLA al «temor a un lunes negro» y a la influencia de Donald Trump, minimizando el impacto de su gestión en la Capital. A pesar de intentar desdramatizar el resultado, Quintela admite su exclusión de la mesa de Milei, forzándolo a una negociación a distancia por el Presupuesto 2026.


Tras la sorpresiva y ajustada victoria del peronismo riojano ante La Libertad Avanza (LLA), el gobernador Ricardo Quintela rompió el silencio con un diagnóstico que busca deslindar responsabilidades internas y poner el foco en factores externos: el «temor a un lunes negro» en la economía.

Quintela afirmó que una parte de la sociedad votó pensando en «evitar que el dólar se vaya a un precio incontrolable» y cedió ante la presión de los mercados, citando incluso la influencia de Donald Trump sobre el apoyo financiero a Argentina. Esta tesis intenta minimizar el castigo electoral que obligó al gobernador a pedir la renuncia masiva a su Gabinete.

El ojo de la tormenta: la derrota en la Capital

El análisis más débil de Quintela se centra en la derrota en la Capital. Mientras la diputada Teresita Luna responsabilizó directamente al intendente Armando Molina por el resultado, asegurando que la gente «plebiscitó la gestión municipal» y que por eso se perdió por 14.000 votos, Quintela intentó bajar el perfil:

La defensa de Quintela: «En Capital la dirigencia cumplió, se sacaron 43 mil votos (con cuatro listas aliadas al PJ) que es lo que veníamos sacando en las últimas elecciones».

Sin embargo, el dato es incontrastable: la Capital es el principal distrito y fue el lugar donde LLA arrasó, demostrando que la crítica interna de Luna tiene un fuerte sustento territorial. El «gran déficit» admitido por el gobernador es que el peronismo no pudo «volverle a enamorar con la Justicia social», una falencia que se hizo evidente en el centro de poder.

Doble derrota: exclusión y presupuesto

El resultado electoral le otorgó a Milei el capital político para endurecer su trato con los gobernadores opositores, siendo Quintela uno de los excluidos de las negociaciones directas.

  1. Aislamiento: Quintela reconoció que «no fui invitado» a la reunión de Milei con gobernadores porque tiene una «visión diferente al presidente».
  2. La negociación a distancia: A pesar de estar excluido, Quintela sabe que Milei «va a aprovechar este tiempo político para sacar las reformas más difíciles». El riojano debe ahora negociar a través de terceros para que el Presupuesto 2026 nacional se «amolda a lo que necesitan las provincias», advirtiendo que muchos gobernadores ya han planteado rechazo.

El problema nacional: La defensa de Quintela se basa en atacar el modelo económico de Milei: «Este modelo no está funcionando… La economía está muy mal, diriamente entre 500 y 600 argentinos pierden sus puestos de trabajo. La industria está feneciendo… Todo este modelo nacional está dirigido a la finanzas, al dólar, a los bonos, a la timba financiera».

En resumen, la estrategia de Quintela es doble: terapia de shock con el Gabinete para purgar responsabilidades internas, y radicalización del discurso anti-Milei para justificar el desgaste, mientras intenta articular con gobernadores peronistas como Kicillof para «armar una propuesta política que empatice con la sociedad» y recuperar el protagonismo perdido.


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