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El retorno del soldado: Ricardo Herrera dejaría el Congreso para blindar el gabinete de Quintela en el tramo final de su gestión

Con su mandato como diputado nacional a punto de expirar el 10 de diciembre, el legislador riojano suena con fuerza para desembarcar en el Ejecutivo provincial. Su incorporación busca darle volumen político a la administración local para afrontar los dos últimos años de gobierno en medio de la asfixia financiera nacional.

En la política riojana no hay vacíos, solo reordenamientos tácticos. Mientras los ecos de las elecciones legislativas de octubre aún resuenan —donde el oficialismo local logró una victoria ajustada pero sufrió el avance libertario que partió la representación en el Congreso—, en la Casa de las Tejas ya se diseña la ingeniería para la etapa más compleja de la era quintelista. El nombre marcado en rojo para esta nueva fase es el de Ricardo Herrera, actual diputado nacional cuyo mandato vence el próximo 10 de diciembre y que, lejos de volver al llano, se perfila como el refuerzo estrella del gabinete de Ricardo Quintela.

La jugada tiene una lógica de hierro: ante la imposibilidad de renovar las dos bancas que el peronismo ponía en juego (la irrupción de La Libertad Avanza obligó a un reparto de escaños uno a uno), Herrera regresa al pago chico no como un dirigente en retroceso, sino como una pieza clave para la «resistencia institucional». Su perfil, combativo en el recinto y leal a la conducción del gobernador, encaja a la perfección con la necesidad de Quintela de rodearse de «espadas» políticas para transitar el desierto financiero hasta el 10 de diciembre de 2027, fecha de caducidad de su mandato.

«Ricardo no vuelve a casa, vuelve a la trinchera», graficó un operador del peronismo local, confirmando que las conversaciones para su desembarco en un ministerio de alto perfil están avanzadas. La lectura en el entorno del gobernador es que los próximos dos años requerirán menos gestión técnica y más «muñeca política» para administrar la escasez de recursos, contener la conflictividad social y sostener el reclamo judicial ante la Corte Suprema por los fondos coparticipables.

El propio Herrera ha dado señales de este giro. En sus últimas intervenciones, su discurso pasó de la agenda legislativa nacional a la defensa cerrada del federalismo riojano, actuando casi como un vocero anticipado de la provincia. Su experiencia en la ANSES y su paso por la Legislatura local le otorgan el know-how administrativo, pero es su volumen político lo que Quintela valora para esta etapa de «gobierno de crisis».

Si se concreta, el enroque permitiría al oficialismo matar dos pájaros de un tiro: contener a un dirigente de peso que quedó fuera de la renovación parlamentaria y, al mismo tiempo, oxigenar un gabinete desgastado por el ajuste nacional. Herrera llegaría para «poner el cuerpo» en la gestión diaria, liberando al gobernador para la construcción política nacional y la batalla legal por los recursos.

Para Quintela, que ya no tiene reelección, el ingreso de Herrera es también un mensaje hacia adentro del PJ: se cierran filas con los leales. En el crepúsculo de su administración, el mandatario parece decidido a terminar su mandato rodeado de su guardia pretoriana, preparándose para entregar el poder en 2027 con la provincia ordenada, o al menos, de pie frente a la Casa Rosada.

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