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La Rioja y el estrecho margen de la negociación: la “lapicera” de Caputo condiciona el diálogo político de los gobernadores

La provincia se suma al reclamo de “reciprocidad” del Norte Grande ante la Casa Rosada; mientras Santilli busca votos para el Presupuesto 2026, la llave de los fondos sigue en manos de Economía y tensa la cuerda con el peronismo local


Pasaron cuatro semanas desde las elecciones de octubre y el mapa político nacional se reconfigura bajo una premisa que incomoda a las provincias: la expectativa de acuerdo político choca, inevitablemente, con la realidad de la caja. En este escenario de tensión financiera, La Rioja navega una encrucijada compleja. Mientras Diego Santilli acelera su gira federal para garantizar la gobernabilidad en el Congreso, la administración riojana se ampara en el bloque regional del Norte Grande para amplificar un reclamo que, en soledad, la Casa Rosada parece dispuesta a ignorar.

La reciente cumbre de gobernadores en Santiago del Estero dejó una postal que Balcarce 50 observó con lupa. Allí, entre aliados y opositores, La Rioja ocupó su silla en una mesa heterogénea donde la ideología cedió paso a la necesidad fiscal. El concepto clave que sobrevoló el encuentro fue “reciprocidad”: una moneda de cambio que los caudillos provinciales, incluido el riojano Ricardo Quintela, exigen para tratar la agenda del Gobierno, que prioriza el Presupuesto 2026 y las reformas laboral y tributaria.

Sin embargo, el optimismo diplomático que despliega el ministro del Interior en sus viajes se topa con un muro de contención en Buenos Aires: la lapicera de Luis Caputo.

El reclamo del Norte y la «sed» de obras

Para La Rioja, la participación en la asamblea de Santiago del Estero fue un movimiento táctico de supervivencia. La provincia, golpeada por la paralización de la obra pública y la asfixia de los envíos discrecionales, encontró en la voz colectiva del Norte Grande el vehículo para plantear sus demandas sin quedar expuesta al fuego directo de la “motosierra”.

Los gobernadores, desde el anfitrión Gerardo Zamora hasta los más dialoguistas como el tucumano Osvaldo Jaldo o el salteño Gustavo Sáenz, coincidieron en un diagnóstico que resuena con fuerza en los despachos riojanos: el Gobierno central concentra los ingresos y no hay “derrame” hacia el interior.

La lista de facturas pendientes es larga. Incluye la reactivación de obras viales críticas —rutas nacionales que atraviesan La Rioja y hoy muestran un deterioro alarmante— y, fundamentalmente, los fondos para las cajas de jubilaciones no transferidas, un punto que el misionero Hugo Passalacqua se encargó de subrayar y que es música para los oídos del ministerio de Hacienda riojano. La discusión sobre la ley de ATN, vetada por Javier Milei, sigue siendo una herida abierta en la relación bilateral.

Santilli, el interlocutor sin billetera

El dilema para la gestión riojana radica en la naturaleza del interlocutor. Santilli, quien heredó la misión política tras la salida de Guillermo Francos, muestra predisposición y “toma nota”. Pero en el esquema de poder libertario, donde Karina Milei marca el ritmo político y Caputo controla el oxígeno financiero, el ministro del Interior tiene un margen de maniobra acotado.

Los gobernadores saben que Santilli integra el gabinete, pero no necesariamente el “círculo violeta” donde se definen las partidas. Por eso, el mensaje que los mandatarios del Norte enviaron es doble: disposición al diálogo para que el Congreso no se paralice, pero con la exigencia de que el ministro de Economía se siente a la mesa.

La Rioja, debilitada tras el resultado adverso de octubre que expuso la fragilidad del aparato peronista local ante el avance de La Libertad Avanza, conserva sin embargo un activo: sus legisladores. Aunque el oficialismo provincial perdió peso, sus votos siguen siendo necesarios en un Congreso fragmentado donde Milei necesita mayorías para mostrar sustentabilidad ante Washington.

El riesgo del desgaste

El Gobierno juega, por ahora, al misterio con los textos de las reformas laboral y tributaria, alimentando el circuito de trascendidos. Para La Rioja, el tiempo apremia. La estrategia de dilatar definiciones puede servirle a la Casa Rosada para disciplinar a través de la necesidad, pero conlleva el riesgo del desgaste.

La “reciprocidad” que exigen los gobernadores no es un cheque en blanco. Si la lapicera de Caputo no habilita fondos para obras o compensaciones previsionales, la predisposición al diálogo que Santilli cosechó en el Norte podría evaporarse antes de que se levanten las copas de fin de año. En ese ajedrez, La Rioja apuesta a que la presión en bloque sea la llave que, individualmente, no ha logrado encontrar.

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