El titular de la Cámara baja juega su carta más ambiciosa para arrebatarle el control numérico al peronismo; la paradoja de necesitar a los “rebeldes” del MID y Coherencia, cuyo alejamiento se gestó justamente por críticas a su manejo político
En los pasillos del Palacio Legislativo, la matemática es la única ciencia exacta que rige el poder. Y para el riojano Martín Menem, presidente de la Cámara de Diputados, la ecuación de fin de año se ha transformado en un desafío de gestión personal. La Libertad Avanza (LLA) ha quedado a un paso —apenas cinco bancas— de arrebatarle la primera minoría a Fuerza Patria (el panperonismo), un hito que cambiaría la correlación de fuerzas en las 45 comisiones permanentes. Sin embargo, para lograr ese sorpasso histórico, el oficialismo se enfrenta a un obstáculo con origen propio: la resistencia de los exlibertarios que abandonaron el bloque criticando, precisamente, la conducción del riojano.
La disputa es cabeza a cabeza. Tras sumar a 11 exaliados en las últimas semanas, los “violetas” miran con ansiedad el tablero. Pero la llave maestra podría estar en manos del interbloque Desarrollo y Coherencia, conformado en septiembre por los “heridos” de la gestión libertaria: Oscar Zago y Eduardo Falcone (MID), junto a Marcela Pagano, Lourdes Arrieta, Carlos D’Alessandro y Gerardo González (Coherencia).
Para Menem, “repatriar” a estos seis legisladores significaría no solo superar los 96 escaños del peronismo, sino también validar su muñeca política ante la Casa Rosada. No obstante, desde el entorno de los disidentes la respuesta ante la consulta de este medio fue tajante: se sienten “cómodos” afuera y las heridas por el estilo de conducción de la presidencia de la Cámara aún no cicatrizan.
La estrategia del «cerco» a La Rioja
Ante la dificultad de seducir a los propios que se fueron, la estrategia de Menem y la mesa chica del Gobierno gira hacia el norte, buscando pescar en la pecera de los gobernadores peronistas dialoguistas. El objetivo son los vecinos de La Rioja: el catamarqueño Raúl Jalil (con cuatro diputados) y el santiagueño Gerardo Zamora (con siete).
Si Menem lograra que estos mandatarios rompan definitivamente con el bloque de Fuerza Patria para armar espacios propios o aliados, el peronismo se desangraría numéricamente, facilitando el ascenso de LLA. Esta jugada tiene una segunda lectura en clave riojana: aislaría aún más al gobernador Ricardo Quintela, dejando a sus legisladores en un bloque opositor cada vez más reducido y rodeado por provincias que pactan con la Nación.
El riesgo de la tercera vía
Sin embargo, el tiempo corre y los “rebeldes” del MID y Coherencia exploran otras alianzas que podrían complicar los planes de Menem. Tienen negociaciones abiertas con Provincias Unidas, el naciente interbloque federal que agrupará a los diputados de Córdoba, Santa Fe, y potencialmente a los radicales de Jujuy y Corrientes. Incluso se baraja la incorporación de figuras como Martín Lousteau o la Coalición Cívica.
En paralelo, los gobernadores de la liga de “Innovación Federal” (Salta, Misiones, Neuquén) buscan ampliar horizontes y coquetean tanto con los exlibertarios como con los catamarqueños que podrían romper con el PJ. Si estas fuerzas confluyen, podrían superar al PRO y constituirse como tercera fuerza, alejando esos votos del control directo de la presidencia de la Cámara.
La señal de alerta para el oficialismo se encendió durante el debate del Presupuesto en comisión: los exlibertarios firmaron el dictamen de minoría junto a Encuentro Federal y los radicales disidentes. “Estuvimos charlando con todos, pero aún no llegamos a un acuerdo”, resumió uno de los legisladores que supo reportar a las fuerzas del cielo y hoy negocia su autonomía.
Para Martín Menem, el cierre del año legislativo no es solo una cuestión de números, sino de autoridad política. Necesita esos cinco votos para garantizarle a Javier Milei el control de las comisiones en 2026, pero para conseguirlos deberá demostrar que puede reconstruir los puentes que se dinamitaron bajo su propia gestión.





