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Debut de pesadilla: Villarruel le marcó la cancha a Bullrich, se cayó una banca libertaria y el Senado se vuelve un terreno hostil para el Gobierno

La Vicepresidenta se alió con el peronismo para retener la caja administrativa y le apagó el micrófono a la ministra, que sufrió un duro revés al no poder garantizar la jura de la rionegrina Villaverde. La fractura expuesta y la debilidad numérica del oficialismo son música para los oídos de Ricardo Quintela.


Si Patricia Bullrich imaginaba un desembarco triunfal como la nueva «dueña política» del Senado, la realidad le devolvió un baño de humildad. En una sesión que apenas duró una hora, la ministra de Seguridad sufrió un triple castigo: no logró reunir los votos para que jure su senadora electa, vio cómo Victoria Villarruel retenía el control administrativo de la Cámara con ayuda del peronismo y, como broche final, terminó con el micrófono apagado por orden de la propia Vicepresidenta.

El episodio es mucho más que un mal trago protocolar; es la radiografía de un oficialismo fracturado y con serios problemas de gestión legislativa. Para La Rioja, que lidera la oposición más intransigente desde el interior, este escenario de debilidad libertaria es el mejor regalo de fin de año.

Villarruel, la caja y el guiño al PJ

El primer golpe fue quirúrgico. Villarruel logró nombrar a Alejandro Fitzgerald, un histórico empleado de la casa, como secretario administrativo, el puesto que maneja la «caja» y la logística del Senado. El dato clave para el análisis riojano es cómo lo logró: la Vicepresidenta tejió un acuerdo silencioso con Unión por la Patria para bloquear cualquier intento del Ejecutivo de intervenir en ese cargo.

Esto envía una señal potente a la gobernación de Ricardo Quintela: Villarruel tiene juego propio y, a diferencia de Milei o Bullrich, está dispuesta a negociar con el peronismo. Para los senadores que responden al mandatario riojano, se abre una ventana de interlocución institucional que no existe con la Casa Rosada.

Una banca menos y el fracaso de la «rosca»

El segundo revés tiene impacto aritmético directo. Lorena Villaverde, la libertaria rionegrina impugnada por supuestos vínculos con el narcotráfico y una causa de drogas en EE.UU., no pudo jurar. Su diploma fue devuelto a la comisión de Asuntos Constitucionales, dejándola en un limbo político.

El oficialismo intentó forzar su asunción argumentando que correspondía jurar y luego, eventualmente, votar una inhabilidad moral con dos tercios. Sin embargo, Bullrich y el jefe de bloque Ezequiel Atauche fracasaron en convencer a la UCR y a los aliados provinciales.

Para la estrategia de La Rioja, que busca bloquear leyes clave como el Presupuesto 2026, que el Gobierno tenga un senador menos (aunque sea temporalmente) es vital. La mayoría simple que necesita el oficialismo se vuelve más cara y difícil de conseguir sin esa banca.

El micrófono apagado: un símbolo de debilidad

La imagen final de la jornada —Villarruel cortándole el audio a Bullrich cuando intentaba hablar fuera de reglamento— resume la tensión. La ministra de Seguridad, enviada por Milei para «ordenar» la tropa, quedó desautorizada en su propio territorio.

En La Rioja toman nota: la «Dama de Hierro» del Gobierno no es infalible en el poroteo legislativo. Si no pudo salvar a Villaverde ni imponer al secretario administrativo, la capacidad de la Casa Rosada para disciplinar al Senado de cara a las sesiones extraordinarias está en duda. Y en ese río revuelto de internas libertarias y desconfianzas radicales, el peronismo del norte encuentra oxígeno para seguir resistiendo.

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