El Presidente viajará la próxima semana a Río Cuarto para la despedida de Petri y regresará antes del brindis para una «vuelta olímpica» con Bornoroni. Mientras refuerza su alianza con el centro del país y celebra el triunfo legislativo, el contraste con el aislamiento del gobierno riojano se vuelve cada vez más nítido.
Diciembre será el mes de Córdoba en la agenda presidencial, y esa decisión estratégica de Javier Milei envía una onda expansiva que golpea, por contraste y cercanía, a la provincia de La Rioja. El mandatario confirmó que pisará suelo cordobés en dos oportunidades antes de fin de año: primero para un despliegue de poder militar con los nuevos F-16 y luego para capitalizar el triunfo electoral del 26-O.
Para la administración riojana, que mira desde la frontera vecina, la postal no podría ser más adversa. Mientras el gobierno de Ricardo Quintela sufre la sequía de fondos y la falta de interlocutores nacionales, Milei eligió a la provincia mediterránea como el escenario privilegiado para cerrar su primer año de gestión y proyectar el 2025.
Río Cuarto: el despliegue de fuerza a un paso de La Rioja
La primera escala será institucional pero con fuerte carga simbólica. Milei viajará la próxima semana a Las Higueras, en el departamento de Río Cuarto, para recibir los aviones de caza F-16 comprados a Dinamarca. Será el último acto de gestión de Luis Petri, quien dejará el Ministerio de Defensa el 10 de diciembre para ser reemplazado por Carlos Presti.
Que el Presidente elija el sur cordobés para esta «demostración de fuerza» estatal resalta la importancia geopolítica que le asigna a la región centro, dejando a las provincias del NOA —y específicamente a la opositora La Rioja— fuera del radar de las grandes inversiones o anuncios nacionales.
El factor Bornoroni y el aviso a los gobernadores
Pero el viaje más doloroso para el peronismo regional será el segundo. Milei le confirmó a Gabriel Bornoroni, jefe de bloque de LLA en Diputados, que regresará a la ciudad de Córdoba antes de las fiestas para encabezar un «encuentro de agradecimiento» por el resultado electoral.
El objetivo es claro: dar la «vuelta olímpica» tras haber conseguido cinco bancas en un distrito clave. Este festejo tiene una lectura que impacta directamente en la estrategia de los caudillos provinciales: el triunfo libertario en Córdoba «postergó la expectativa presidencial de los gobernadores de Provincias Unidas», obligándolos a replegarse a cuidar sus «pagos chicos».
Para La Rioja, esto significa que el «modelo Milei» está construyendo un polo de poder alternativo en la región, encarnado en figuras como Bornoroni, que buscan «terminar con décadas de poder» establecido. Mientras el gobierno riojano intenta resistir desde la tradición peronista, Milei cruza la frontera para celebrar con su propia tropa y consolidar un armado que, de cara al 2027, amenaza con disputar la hegemonía no solo en Córdoba, sino en toda la zona de influencia.
La «previa» de este sábado en el Alto Botánico, donde Bornoroni reunirá a aliados como Luis Juez y radicales «con peluca»8, es el primer paso de esa expansión territorial que tiene a La Rioja, aislada y opositora, como el próximo objetivo a rodear.





