El historiador Roberto Rojo analizó el estallido social de diciembre de 1993 contra la «Ley Ómnibus» impulsada durante el menemismo. Las intrigas políticas entre Arnaudo y Cavallo, y la teoría del «contrato social» que rige hasta hoy: «El empleado público es intocable».
A 32 años de uno de los hitos más convulsos en la historia reciente de La Rioja, el historiador Roberto Rojo reconstruyó los días de furia del llamado «Riojanazo». En una entrevista con Fénix Multiplataforma, el especialista desmenuzó las causas políticas y económicas que detonaron la protesta de diciembre de 1993, un evento que, según su visión, redefinió la relación entre la clase dirigente y la sociedad riojana.
El conflicto estalló en pleno auge del menemismo, cuando el Gobierno Nacional intentaba profundizar la reforma del Estado en las provincias. «Estaba en marcha un proyecto capitalista serio en el país y en ese marco quieren hacer una reforma en todas las provincias», explicó Rojo, señalando que la iniciativa buscaba reestructurar el gasto público mediante cesantías y recortes salariales.
La Rioja, cuna del entonces presidente Carlos Menem, debía «dar el ejemplo». Según el historiador, en aquel momento la provincia ostentaba «los sueldos más altos del país» gracias a los fondos que llegaban desde la Nación, una situación que generaba quejas en otras jurisdicciones y que la Casa Rosada buscaba corregir para «equiparar» hacia abajo.
La «Ley Ómnibus» y el estallido
El detonante fue la aprobación de la Ley 5.923, conocida como «Ley Ómnibus», sancionada —en palabras de Rojo— «entre gallo y medianoche» por la Legislatura provincial. La normativa encendió las alarmas de los gremios estatales, especialmente de la ATP liderada por «Lito» Asís, ante el temor concreto a los despidos masivos.
La reacción fue inmediata y violenta. Una multitud se agolpó frente a la Casa de Gobierno, logrando romper la histórica puerta de ingreso. Rojo destacó que la situación no pasó a mayores gracias a que el gobernador Bernabé Arnaudo decidió no abandonar el edificio y a la actuación del jefe de policía, apodado «Pica» Portugal, quien montó una defensa decisiva en el lugar.
«Lo que pasó es que acá se creyó que iba a haber cesantías. En realidad, el objetivo era bajar los sueldos», aclaró el historiador, remarcando la confusión y el pánico que reinaban en esos días.
Intrigas de palacio: la disputa Arnaudo-Cavallo
Más allá de la protesta visible, el «Riojanazo» escondía una feroz interna política. Rojo confirmó la versión de que existía una «fuerte disputa personal» entre el gobernador Arnaudo y el ministro de Economía de la Nación, Domingo Cavallo. «El apellido original de Arnaudo es Cavallo, él se lo cambia, pero en realidad se conocían bastante y no se querían», reveló.
Según el historiador, sectores del peronismo local alineados con figuras como Ángel Maza y Raúl Chacón aprovecharon la coyuntura para acercarse estratégicamente a Eduardo Menem, debilitando la posición del gobernador. «Era difícil de entender que en un gobierno de un riojano acá no se pagaran los sueldos», reflexionó Rojo sobre la retención de fondos que asfixió a la administración provincial.
La teoría del «pacto tácito»
Para Rojo, la consecuencia más profunda del Riojanazo no fue la violencia en sí, sino el acuerdo implícito que surgió de las cenizas de la revuelta. El historiador sostiene que allí se firmó un «contrato social entre las clases dirigentes y la sociedad riojana».
Definió este pacto con una frase contundente: «Ustedes hacen sus grandes negocios, nosotros hacemos nuestros pequeños negocios. El empleado público es intocable, no se lo puede cesantear».
Este acuerdo no escrito establece requisitos sine qua non para la gobernabilidad en la provincia: el pago de haberes en tiempo y forma. «La clase dirigente tiene que cumplir con la gente el pago en términos del 1 al 10. Si eso no ocurre, se da vuelta a la provincia», sentenció Rojo, advirtiendo que los riojanos no son «sumisos» cuando se toca el bolsillo.
El efecto contagio y la actualidad
El historiador recordó que apenas unos días después, el 16 y 17 de diciembre de ese año, se produjo el «Santiagueñazo», una revuelta aún más virulenta donde se llegó a quemar la Casa de Gobierno de Santiago del Estero, inspirada en los sucesos de La Rioja.
Finalmente, Rojo mencionó que, aunque Arnaudo logró finalizar su mandato, fue derrotado al año siguiente, dando paso a una etapa donde las medidas de ajuste se aplicaron de modo más «gradual», como la reducción horaria y salarial. Sin embargo, el «pacto» de estabilidad laboral en el Estado se mantiene vigente. «Hasta el día de hoy no se habla más de reforma estatal», concluyó.
En otro orden, el historiador aprovechó el contacto para informar sobre el viaje de una delegación de diez escritores e historiadores riojanos a Copiapó, Chile, para participar del primer congreso de integración cultural entre ambos pueblos, reafirmando los lazos históricos de la región.





