El jefe de Gabinete descartó una convocatoria a los gobernadores «rebeldes» Kicillof, Quintela, Melella e Insfrán. Desde la Casa Rosada endurecen la postura y aseguran que el diálogo solo será posible con quienes compartan el «rumbo del cambio».
El Gobierno nacional volvió a marcar la cancha en su relación con las provincias y trazó una línea divisoria definitiva con el sector más duro de la oposición. En su habitual conferencia de prensa, el jefe de Gabinete, Manuel Adorni, descartó cualquier tipo de acercamiento con el grupo de los denominados gobernadores «rebeldes» del peronismo, a quienes acusó de no interpretar el mandato de las urnas.
Consultado sobre la posibilidad de abrir una mesa de diálogo que incluya a Axel Kicillof (Buenos Aires), Ricardo Quintela (La Rioja), Gustavo Melella (Tierra del Fuego) y Gildo Insfrán (Formosa), el portavoz fue tajante y cerró la puerta a una foto conjunta en el corto plazo.
«Hay gobernadores que no van en línea con lo que la gente nos pide», sentenció Adorni, justificando la exclusión de estos mandatarios de las rondas de negociación que la Casa Rosada mantiene con otros líderes provinciales dialoguistas.
La frase del funcionario no es casual y responde a la estrategia de Javier Milei de polarizar con aquellos dirigentes que se opusieron frontalmente a la Ley Bases y al Pacto de Mayo. Para el Ejecutivo, la validación de la gestión libertaria pasa por la aceptación incondicional del rumbo económico y político trazado desde el 10 de diciembre.
«La Argentina eligió un camino distinto y hay quienes todavía se resisten a verlo», completó el vocero, sugiriendo que la falta de sintonía no es una cuestión de fondos o gestión, sino de visión ideológica.
La decisión de aislar a este póker de gobernadores kirchneristas —entre los que se destaca el riojano Quintela, quien mantiene un enfrentamiento abierto con la Nación por los recursos coparticipables— ratifica la voluntad del oficialismo de construir gobernabilidad únicamente con los aliados del PRO y los sectores del peronismo y el radicalismo que aceptaron las nuevas reglas de juego.
Mientras tanto, la relación con La Plata, La Rioja, Ushuaia y Formosa promete seguir tensándose, sin visos de deshielo en el horizonte inmediato.





