El intendente Rodrigo Brizuela y Doria confirmó el cierre definitivo de Jugos Inca y alertó sobre el impacto de la recesión en la vitivinicultura. «La gente toma prioridades y seguramente no es el vino», lamentó.
El departamento de Chilecito enfrenta un escenario de doble cara: mientras las lluvias trajeron un alivio vital para la sequía, la economía real cruje por la caída del poder adquisitivo. El intendente Rodrigo Brizuela y Doria pintó un panorama sombrío para la industria local al confirmar el cierre de una importante planta y advertir sobre las dificultades financieras que atraviesa la emblemática cooperativa La Riojana debido al desplome del mercado interno.
En declaraciones radiales, el jefe comunal reveló que la crisis se cobró una víctima de peso en el sector agroindustrial. «Tengo que decirte que hace dos meses atrás cerró Jugos Inca definitivamente, que venía con problemas pero ahora se cerró de manera definitiva», informó Brizuela y Doria, quien aseguró que el municipio está «conversando con los trabajadores que han quedado afuera para darles una mano».
«El problema es el mercado interno»
La preocupación oficial se extiende a la nave insignia de la producción chileciteña: la cooperativa La Riojana. Según el intendente, la empresa «no escapa a la situación difícil que viven otras empresas del país» y su principal obstáculo radica en la «falta de consumo del vino en el mercado interno».
Brizuela y Doria vinculó directamente esta merma en las ventas con el deterioro de los salarios. «Hoy el poder adquisitivo de la gente realmente está en un nivel muy bajo, entonces la gente toma prioridades y las prioridades seguramente no es el vino de mesa», analizó con crudeza.
A pesar del contexto adverso, el funcionario prometió el acompañamiento del Estado provincial y municipal para intentar sostener la actividad, esperando que la situación económica nacional «empiece a mejorar».
Temporal: daños y alivio hídrico
En paralelo a la tormenta económica, el departamento sufrió un fuerte temporal climático que dejó secuelas en la infraestructura pero salvó la provisión de agua. Las lluvias torrenciales provocaron desbordes en Vichigasta, donde «se taparon las alcantarillas de los ríos y el agua se metió en las viviendas», y dejaron muchas calles de la ciudad cabecera «totalmente arruinadas».
Sin embargo, el agua caída fue una bendición para el sistema de captación, que estaba al límite. Brizuela y Doria detalló que la toma de Santa Florentina, que en verano suele aportar 350.000 litros hora, había caído a apenas 100.000, dejando sin servicio a gran parte del centro. «Gracias a Dios con esta lluvia se duplicó el caudal, así que pudimos solucionar la provisión de agua potable», destacó.
Finalmente, el intendente llevó tranquilidad a los productores al confirmar que, a pesar de la intensidad del fenómeno, «no cayó piedra en la parte productiva», por lo que la cosecha no se vio afectada.