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El ajuste llegó a los Karagozian: desmantelan la confección de ropa deportiva en La Rioja y recortan 60 puestos de trabajo

La firma TN & Platex, líder del sector, alegó una «adecuación operativa» frente a la caída del consumo y la presión importadora; el recorte en la planta provincial afecta a la confección de ropa deportiva y se suma a una sangría que ya costó 14.000 puestos registrados a nivel nacional.


La crisis que atraviesa la industria manufacturera encontró un nuevo epicentro en La Rioja, donde la realidad de los números macroeconómicos se tradujo esta semana en telegramas de despido. TN & Platex, la gigante textil comandada por la familia Karagozian, bajó la persiana de su línea de confección de indumentaria deportiva en la planta riojana, una decisión que dejó un saldo de 50 desvinculaciones directas y la no renovación de otros 12 contratos laborales.

El movimiento de la compañía no es un hecho aislado, sino el síntoma de un cambio de época para el parque industrial de la provincia. Mientras el Gobierno nacional celebra la baja de la inflación y el superávit, el «músculo» fabril del interior acusa el golpe de la recesión y la apertura comercial. Fuentes de la empresa confirmaron que la medida responde a un plan de «adecuación operativa» diseñado para hacer frente a «los desafíos del sector» y la necesidad imperiosa de «ajustar la oferta a la demanda actual».

El fin de la confección en la planta local

El ajuste en La Rioja es quirúrgico pero doloroso. La planta no cierra sus puertas definitivamente, pero pierde valor agregado. Según la información recabada, la compañía mantendrá operativas las áreas de hilandería y tejeduría —procesos más automatizados y menos intensivos en mano de obra—, pero desmantela la elaboración de prendas terminadas. Hasta ahora, allí se producían artículos para marcas propias como DFAC y Xpirit, además de servicios para terceros.

La ecuación que llevó a los Karagozian a replegarse en la provincia es aritmética pura. El consumo interno se desplomó y la competencia externa se disparó. Según datos de la Fundación Pro Tejer, las importaciones de textiles e indumentaria volaron un 89% en cantidades entre enero y octubre de 2025. En contrapartida, la actividad del sector se contrajo un 20% interanual en septiembre.

El escenario riojano refleja, en pequeña escala, el drama nacional: las fábricas locales no pueden competir con precios internacionales a la baja en un mercado doméstico deprimido. «Estamos reubicando líneas productivas para buscar la mayor eficiencia posible», justificaron desde la firma, intentando poner paños fríos a una situación que genera incertidumbre en las familias operarias.

Un efecto dominó en el Norte Grande

La decisión tomada en La Rioja es el último eslabón de una cadena de achiques que TN & Platex viene ejecutando en el norte del país, desnudando la fragilidad del federalismo industrial.

  • En Catamarca, la empresa cerró recientemente su hilandería para quedarse solo con una línea reducida de confección para el sector minero.
  • En Corrientes (Monte Caseros), hubo 17 despidos y el cese de contratos a plazo fijo tras recortar la fabricación de ropa interior y deportiva.

La matriz productiva se está reconfigurando a la fuerza. La maquinaria se mueve de una provincia a otra o se apaga, mientras la capacidad instalada del sector perforó el piso histórico y se ubicó en un alarmante 37,1% en septiembre. Es decir, más del 60% de las máquinas textiles del país están paradas.

El impacto social: salarios que desaparecen

Para la economía de La Rioja, donde el empleo público y el parque industrial son los dos grandes motores de los ingresos familiares, la pérdida de 62 puestos de trabajo en el sector privado es un golpe de nocaut. El rubro «textil, confecciones, cuero y calzado» es, junto a la construcción, el más castigado del modelo actual: ya se perdieron casi 14.000 empleos registrados en esta rama desde diciembre de 2023.

La paradoja es cruel para el consumo: aunque las ventas en supermercados de rubros textiles crecieron un 26% —impulsadas por liquidaciones y ofertas—, la rentabilidad de las fábricas es negativa. Los precios de venta, en muchos casos, quedaron por debajo de los costos de producción.

Mientras desde la Nación se promete una recuperación en «V» que todavía no llega a los bolsillos de los operarios, en La Rioja la «reconversión» se vive como un eufemismo del desempleo. Con una industria que importa insumos y prendas terminadas a un ritmo vertiginoso, el «Made in La Rioja» pierde terreno, dejando a medio centenar de familias fuera del sistema en vísperas de un 2026 que asoma con más incertidumbre que certezas.

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