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El milagro contable de APOS: Ortiz admitió que la obra social sobrevive solo con «respirador artificial» del Tesoro provincial

La administradora reconoció un desfasaje alarmante: el sistema recauda $22.000 por afiliado pero gasta $87.000. Mientras el sector privado recorta servicios, Quintela cubre el rojo financiero mes a mes para sostener la «burbuja sanitaria» y evitar un estallido social en 2026.


La administración de la salud en La Rioja camina por una cornisa financiera que desafía toda lógica actuarial. Claudia Ortiz, titular de APOS, cerró el año con una definición política que busca poner en valor la gestión, pero que, en una segunda lectura, desnuda la extrema fragilidad del sistema. «APOS fue la única obra social que no sacó ninguna prestación», sentenció la funcionaria. La frase, pensada como un activo de campaña, esconde sin embargo un costo fiscal que el gobierno provincial absorbe en silencio para mantener la paz social.

La ecuación que presentó Ortiz resulta insostenible para cualquier administración autónoma. Los números rojos exponen el abismo: con salarios públicos deprimidos, el ingreso per cápita de la obra social promedia apenas los 22.000 pesos, mientras que el costo real de la cobertura por persona se dispara a 87.000 pesos. La diferencia entre lo que entra y lo que sale es abismal.

El subsidio como política de Estado

Ante este escenario de quebranto técnico, la supervivencia de APOS dejó de ser un asunto de administración de salud para convertirse en una decisión política de alto nivel. Ricardo Quintela eligió «apalancar» el déficit —un eufemismo técnico para describir el salvataje constante con fondos del Tesoro provincial— y evitar así que los miles de empleados públicos queden a la intemperie sanitaria.

Ortiz lo admitió sin rodeos: sin el auxilio financiero de la «Casa de las Tejas», la obra social no podría garantizar ni las prestaciones básicas. En un contexto nacional de desregulación y crisis del sistema privado, La Rioja optó por estatizar el costo de la inflación médica. El gobierno sabe que un recorte en APOS, o la introducción de coseguros impagables, detonaría un conflicto gremial de escala impredecible.

Alerta naranja para 2026

Sin embargo, la billetera del Estado tiene fondo. La funcionaria lanzó una advertencia sombría de cara al próximo ciclo: «Estamos llegando a un punto límite». La estrategia de resistencia financiera depende, según su análisis, de una reactivación de la economía privada que hoy no aparece en el radar.

El reconocimiento de que intentan terminar el año «pagando lo que más se pueda» revela la tensión de la caja diaria. La digitalización de servicios y la mejora en la accesibilidad, banderas que agita la gestión, chocan contra la pared de la realidad macroeconómica.

Para el 2026, el «Modelo APOS» enfrenta su prueba de fuego. El gobierno de Quintela logró, hasta ahora, mantener la ilusión de normalidad en la cobertura médica a fuerza de subsidios. Pero la advertencia de Ortiz sugiere que, si la crisis nacional se profundiza, el respirador artificial de los fondos provinciales podría no alcanzar para mantener con vida al sistema tal como lo conocen los riojanos hoy.

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