El gobernador ejecutó un movimiento quirúrgico al enviar a Marcelo del Moral e Ismael Bordagaray a la Legislatura. El traspaso implica un drástico recorte de poder: pasaron de ejecutar presupuestos millonarios a ser «uno más» en un recinto de 36 bancas. El Ejecutivo prepara una reestructuración que borraría Infraestructura y Transporte.
Ricardo Quintela resolvió la interna de su gabinete con la frialdad de un ajedrecista. Bajo la apariencia de un recambio institucional ordenado, el gobernador dispuso una «salida elegante» para dos pesos pesados de su administración: Marcelo del Moral e Ismael Bordagaray. Ambos dejaron sus despachos ejecutivos para asumir como diputados provinciales, un movimiento que, lejos de representar un ascenso político, significa un repliegue al ostracismo de la gestión.
La realidad golpeó a los flamantes legisladores apenas terminó la ceremonia de jura. Del Moral, hasta ayer hombre fuerte de Infraestructura, y Bordagaray, titular de Transporte, tomaron nota de su nueva situación: el poder real se quedó en la Casa de las Tejas.
El síndrome del «uno más»
La ecuación política cambió radicalmente para los exministros. Pasaron de manejar la lapicera que define licitaciones, obras públicas y subsidios al transporte —las «cajas» más codiciadas de la administración— a ocupar una banca rasa. En la Legislatura, su voto vale lo mismo que el de sus otros 34 pares.
El entorno de los funcionarios desplazados leyó la maniobra tarde. Lo que parecía una validación electoral al encabezar las listas, terminó como una licuación de su influencia. Sin presupuesto para ejecutar y sin estructura administrativa bajo su mando, su capacidad de construcción política territorial se reduce a la mínima expresión. Quintela los corrió del centro de la toma de decisiones y los confinó a un rol deliberativo donde la obediencia partidaria suele pesar más que la iniciativa individual.
La tijera estructural: menos ministerios
Pero el plan del gobernador excede a los nombres propios. La salida de Del Moral y Bordagaray despejó el camino para una reestructuración profunda del organigrama estatal. En los despachos oficiales ya circula el borrador del nuevo diseño: los ministerios de Infraestructura y Transporte tienen las horas contadas.
La intención del Ejecutivo apunta a eliminar estas carteras como entes autónomos. Las áreas se fusionarían o pasarían a depender de estructuras superiores (como la Jefatura de Gabinete o una supersecretaría de Obras Públicas), en un gesto que busca enviar una señal de austeridad hacia afuera, pero que hacia adentro concentra aún más el manejo de los recursos en el círculo íntimo de Quintela.
Al vaciar los casilleros de ministros y enviarlos a la Legislatura, el mandatario mató dos pájaros de un tiro: descomprimió su gabinete de figuras con juego propio y preparó el terreno para achicar el Estado sin pagar costos políticos traumáticos con despidos estridentes. Del Moral y Bordagaray conservan el título de diputados, pero perdieron lo único que garantiza lealtades en la política práctica: la llave de la caja.





