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El «factor riojano» rompió la sociedad Santilli-Ritondo: la cena con Martín Menem que no logró evitar la guerra judicial

El titular de Diputados buscó contener el enojo del PRO tras el pacto con el kirchnerismo por la AGN, pero no hubo «pipa de la paz». La influencia de «Lule» Menem en las designaciones y la incómoda posición del ministro del Interior.


La crisis política que desató el reparto de sillas en la Auditoría General de la Nación (AGN) tiene sello riojano y consecuencias nacionales. La maniobra orquestada por el presidente de la Cámara de Diputados, Martín Menem, para acordar con el kirchnerismo y excluir al PRO, terminó por dinamitar la histórica sociedad política entre Diego Santilli y Cristian Ritondo. Una cena de urgencia organizada el viernes por la noche, con Menem como tercer comensal, no alcanzó para frenar la escalada: el jefe del bloque amarillo ratificó que irá a la Justicia para impugnar los nombramientos.

El encuentro, aunque cordial en las formas, expuso la profundidad de la grieta. Ritondo le recriminó a Menem una «falta de códigos» por haber negociado las vacantes a espaldas de sus aliados. La bronca del PRO apunta directamente al «triángulo de hierro» riojano: la estrategia parlamentaria de Martín y la influencia de su primo, Eduardo «Lule» Menem, en la Casa Rosada.

La sombra de «Lule» y el pacto con los K

El conflicto se cristalizó con la resolución 7018-D-2025. Allí, el oficialismo avaló las designaciones de Juan Ignacio Forlón (hombre de Máximo Kirchner), Pamela Caletti (del gobernador Gustavo Sáenz) y Mónica Almada. Este último nombre es la clave de la tensión: Almada trabaja directamente con el operador karinista «Lule» Menem. Para el macrismo, el Gobierno prefirió asegurar un casillero para el entorno de los Menem y ceder ante el peronismo antes que cumplir con sus socios del PRO, que impulsaban a Jorge Triaca.

En la cena del viernes, Santilli juró que desconocía la jugada de Menem y que se enteró de la maniobra la misma noche de la sesión. Sin embargo, su rol como ministro del Interior lo obligó a tomar partido públicamente por la Casa Rosada, distanciándose de su amigo Ritondo.

«Es potestad del Congreso», declaró Santilli este lunes, intentando bajarle el tono a la disputa y pidiendo «seguir trabajando juntos». En su entorno admiten la encerrona: «Diego sabe que lo que defiende está mal, pero no tiene opción. O defiende al gobierno o renuncia».

Judicialización y ruptura

Lejos de aceptar las explicaciones de Menem y la postura institucional de Santilli, Ritondo avanzó con una acción de amparo para declarar «inconstitucional y nula» la sesión. El diputado argumentó que la designación de autoridades estaba fuera del temario habilitado para extraordinarias, violando el artículo 63 de la Constitución Nacional.

La presentación judicial incluye una medida precautelar urgente para que la AGN se abstenga de aceptar a los nuevos auditores, apuntando directamente contra la legitimidad del acuerdo tejido por Martín Menem.

En el PRO reina la desconfianza. Señalan con ironía que siete diputados de La Libertad Avanza se levantaron de sus bancas al momento de votar las vacantes, facilitando la mayoría para el peronismo y el «menemismo», mientras que esos mismos aliados luego votaron en contra de los proyectos de Javier Milei.

La cena de los tres referentes, pensada para sellar una tregua, solo sirvió para blanquear posiciones. Ritondo le garantizó a Santilli que no hará nada en su contra a nivel personal, pero le advirtió que llevará el reclamo contra la maniobra de los Menem hasta la Corte Suprema de Justicia si es necesario. La crisis entre violetas y amarillos, exacerbada por la ambición política riojana, recién comienza.


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