Ernesto Pérez, titular de Producción y esposo de la jueza y sobrina del gobernador, Karina Becerra, protagonizó una violenta embestida contra los Menem. El temor del círculo chico a que la asfixia financiera replique la caída de los 90 y la amenaza de imponer el «brutal número» legislativo.
El fantasma de Bernabé Arnaudo, el gobernador que debió sufrir en los 90 acorralado por el estallido social del «Riojanazo» y la asfixia financiera nacional, se instaló definitivamente en la Residencia Oficial de La Rioja. Quien se encargó de corporizar ese temor, paradójicamente al intentar negarlo, no fue un puntero marginal, sino una pieza clave del riñón familiar y político del poder local: Ernesto Pérez.
Actual Ministro de Producción y miembro de la mesa chica de las decisiones por su doble condición de funcionario y familiar —es esposo de Karina Becerra, la sobrina del gobernador Ricardo Quintela que ocupa una silla en el Tribunal Superior de Justicia—, Pérez salió a marcar el territorio con una virulencia que expone el nerviosismo de la gestión. Su objetivo: conjurar el «karma» de una salida anticipada del poder ante el torniquete de fondos que aplica la Casa Rosada.
La defensa del clan
En una serie de mensajes que mezclaron la amenaza política con el agravio personal, el ministro trazó el paralelismo que desvela al quintelismo. «No somos Arnaudo, no tenés el Frente de la Esperanza», le espetó a Martín Menem, presidente de la Cámara de Diputados de la Nación.
La frase encierra la estrategia de supervivencia del clan Quintela-Becerra: admiten la similitud en la crisis de recursos (el «ahogo financiero» de Javier Milei), pero confían en que el control férreo del aparato estatal impedirá el colapso. A diferencia de Arnaudo, que enfrentó a una oposición organizada (el Frente de la Esperanza), Pérez cree que la estructura de La Libertad Avanza es débil e incapaz de capitalizar el malestar.
«Milei salva por segunda vez a una provincia… y ahoga financieramente a Quintela. Pues bien, vamos a destrozarte electoralmente», advirtió el funcionario, quien actúa como vocero de facto de un gobierno que ve en el recorte de fondos una maniobra de desestabilización similar a la que sufrió la provincia hace tres décadas.
El «brutal número» y la justicia
La intervención de Pérez cobra otra dimensión por su vínculo con el poder judicial a través de su esposa. Cuando el ministro amenaza con «resistir» y «marcar la cancha», habla desde la seguridad que otorga el manejo de todos los resortes del Estado.
Su advertencia más inquietante apuntó al funcionamiento de la Legislatura, donde el peronismo ostenta una mayoría automática. «Ustedes sigan con el ahogo, nosotros continuaremos con el brutal número de la cámara de diputados», sentenció. La definición de «brutal número» anticipa una etapa de trinchera legislativa, donde el oficialismo promete usar su hegemonía numérica para bloquear iniciativas o forzar leyes de emergencia que le permitan esquivar el ajuste nacional.
Además, Pérez acusó a los libertarios de «perseguir judicialmente a Néstor Bosetti» y «amenazar a Beder Herrera», buscando abroquelar a la vieja guardia del PJ bajo el paraguas de la defensa provincial.
Agravios y final abierto
El miedo a repetir la historia de Arnaudo derivó en ataques personales. Pérez auguró un final oscuro para Martín Menem, comparándolo con su padre y su hermano: «Terminarás tu senda como Papá Eduardo o como hermano Adrián, solos y resentidos».
La reacción destemplada del ministro de Producción revela que el gobierno de Quintela se prepara para el peor escenario. Saben que sin los fondos extracoparticipables —esos que se perdieron en 1988 y que hoy Milei retacea— la paz social pende de un hilo. El desafío de Pérez y del entorno familiar del gobernador es demostrar que pueden evitar el «karma» del Riojanazo, aunque para ello deban apelar a la fuerza «brutal» de sus mayorías.





