La sorpresiva ausencia del gobernador dejó vacante el centro de la escena y desató una frenética carrera en la dirigencia peronista por ocupar la primera fila. Legisladores nacionales, ministros y autoridades de la Cámara protagonizaron una disputa de gestos y ubicaciones para no quedar fuera de la imagen histórica del 2025.
La tradicional ceremonia del Tinkunaco, símbolo de encuentro y paz en La Rioja, mutó este 2025 en una vidriera de tensiones internas y posicionamientos desesperados. La ausencia del gobernador Ricardo Quintela, que tomó por sorpresa a «propios y extraños», generó un vacío de poder momentáneo frente a la Casa de Gobierno que la segunda y tercera línea del peronismo local intentó llenar con empujones protocolares. Sin la figura ordenadora del mandatario y con el desistimiento de los referentes libertarios Martín y «Lule» Menem de asistir al acto, la plaza 25 de Mayo fue testigo de los «codazos» por la supervivencia política.
El faltazo de Quintela actuó como una señal de largada para una dirigencia que busca revalidar títulos de cara a lo que viene. Lo que debía ser un acto solemne se transformó, por momentos, en una batalla de ubicación donde la proximidad a la imagen de San Nicolás de Bari cotizó como un activo electoral.
La batalla por la primera línea
El presidente del bloque de diputados justicialistas, Cristian Pérez, fue uno de los que marcó el territorio con mayor vehemencia, intentando hacer valer su rol legislativo en la «foto histórica». En esa misma disputa se anotó el diputado por Arauco, Julio Reinoso, quien no dudó en abrirse paso para garantizar su visibilidad en el registro oficial.
Desde el ámbito nacional, el diputado Sergio Casas llegó al evento acompañado por una mujer, en una aparición que buscó mostrar vigencia política más allá de su labor en el Congreso. A su lado, la senadora Florencia López y la diputada nacional Hilda «Beba» Aguirre también jugaron sus cartas, conscientes de que la ausencia de los líderes máximos (Quintela y Menem) les otorgaba una oportunidad única de centralidad mediática.
La interna institucional y de gabinete
La vicegobernadora Teresita Madera, ungida naturalmente como la figura de mayor jerarquía institucional presente, debió lidiar con el asedio de sus propios compañeros de espacio. Claudio Ruiz, vicepresidente primero de la Cámara de Diputados, se pegó a la comitiva principal, disputando centímetros de protagonismo. En el mismo pelotón, la diputada Lourdes Ortiz buscó su lugar en el encuadre.
El gabinete provincial no se quedó atrás en la maniobra. El secretario general de la Gobernación, Ricardo Herrera, intentó ejercer su rol de «ojos del gobernador», mientras que el ministro de Vivienda, Ariel Puy Soria —envalentonado por su perfilamiento para la capital—, se mostró hiperactivo en el saludo a los vecinos y en la ubicación protocolar.
Completaron el cuadro de la disputa la secretaria de Transporte, Alcira Brizuela, y la administradora de APOS, Claudia Ortiz. Ambas funcionarias, claves en la gestión diaria pero muchas veces relegadas en los actos masivos, aprovecharon la coyuntura para ratificar su pertenencia al círculo de poder, sumándose a los «codazos» en una jornada donde la fe religiosa quedó, por momentos, eclipsada por la ansiedad política de aparecer.





