El gobernador de La Rioja cerró el año con un mensaje de fuerte contenido político. Contraponiendo su gestión a la mirada nacional, aseguró que la provincia «resiste» y llamó a defender el trabajo y la tierra local.
En un cierre de año cargado de simbolismo político, el gobernador de La Rioja, Ricardo Quintela, eligió diferenciarse una vez más del rumbo económico nacional en su mensaje de fin de año. Lejos de los saludos protocolares vacíos, el mandatario utilizó su discurso para marcar la cancha de cara al 2026, contrastando su visión de «Estado presente» con las políticas de recorte que imperan en la administración central.
Con un tono solemne pero firme, Quintela reconoció las dificultades atravesadas en el último ciclo, al que describió como un período de «incertidumbres y preguntas sin respuestas fáciles». Sin embargo, el eje central de su alocución fue la defensa de la autonomía provincial y el rechazo explícito a la lógica del ajuste fiscal como única herramienta de gobierno.
«Sabemos que hay quienes creen que gobernar es ajustar. Nosotros creemos que gobernar es cuidar», sentenció el mandatario, trazando una línea divisoria clara. En esa misma línea, profundizó su concepto de gestión, vinculándolo directamente con la protección del tejido social riojano: «Cuidar a nuestra gente, cuidar el trabajo, cuidar nuestra tierra».
El mensaje, difundido a través de sus redes oficiales, buscó inyectar mística en un contexto adverso. Quintela apeló a la identidad local como bandera de resistencia frente a las presiones externas, posicionando a La Rioja no como una víctima pasiva de la crisis, sino como un actor político con agenda propia. «No somos una provincia que se rinde. Somos una provincia que resiste, que trabaja y que sueña», afirmó con énfasis.
De cara al futuro inmediato, el gobernador planteó el desafío de construir el 2026 «todos juntos», pero dejó una advertencia final que resuena como un grito de guerra política para el año entrante: «Que nadie, nadie, nos diga que no se puede». La frase cierra un discurso que, más que un brindis, pareció el lanzamiento de una nueva etapa de confrontación y defensa de los intereses provinciales.