La hija del expresidente se alineó con la euforia oficialista tras la caída de Maduro; con una frase breve y cargada de simbolismo, bendijo el desenlace del conflicto y reforzó el posicionamiento histórico del clan Menem junto a la Casa Blanca, en abierta contraposición al gobierno provincial.
En medio de la tormenta geopolítica que desató la intervención estadounidense en Venezuela, la voz de la familia Menem volvió a cobrar protagonismo. Zulema Menem, heredera del legado político del expresidente Carlos Menem y figura influyente , eligió la brevedad y el tono religioso para sentar su postura. A través de su cuenta en la red social X, la empresaria publicó un mensaje que, aunque escueto, valida moralmente el cambio de régimen forzado en el Caribe.
«Dios Bendiga a Venezuela», escribió Zulemita, acompañando la frase con el emoji de la bandera venezolana. El tuit llegó apenas horas después de que su primo y presidente de la Cámara de Diputados, Martín Menem, celebrara el «Día Histórico», confirmando así la abroquelada posición del apellido más ilustre de La Rioja en favor de la estrategia de Washington y Javier Milei.
Una plegaria con peso político
La intervención de Zulemita no resulta ingenua. Al invocar la protección divina sobre el país caribeño en el preciso momento en que Nicolás Maduro era extraído del poder, la hija del exmandatario otorgó un manto de legitimidad espiritual a la operación militar. Lejos de condenar la violencia o pedir por la soberanía —como hizo el gobernador Ricardo Quintela—, Zulemita interpretó el desenlace como una oportunidad de redención para la nación petrolera.
Este posicionamiento reactiva la memoria histórica de los años 90. La familia Menem, históricamente asociada a las «relaciones carnales» con Estados Unidos, encuentra en este episodio una reivindicación de su visión internacional. Para el menemismo, la caída del chavismo no constituye una injerencia, sino una liberación necesaria que merece ser «bendecida».
La grieta riojana: mística vs. doctrina
El mensaje de Zulemita profundizó el abismo ideológico que divide hoy a La Rioja. Mientras el Partido Justicialista local y el gobierno de Quintela denuncian una «invasión» y hablan de intereses petroleros, el ala libertaria —encabezada por los Menem— celebra el evento con mística y euforia.
La frase de Zulemita funciona como el complemento emocional del discurso duro de Gino Visconti. Donde el diputado puso la política y la confrontación («La libertad no se negocia»), Zulemita puso la fe y la esperanza en el futuro post-chavista. Ambos, sin embargo, envían una señal unívoca hacia adentro de la provincia: el modelo de neutralidad y tercera posición quedó obsoleto, y el futuro de la región, para ellos, se construye bajo el paraguas de las potencias occidentales.





