Armando Molina tomó juramento a nuevos funcionarios con un discurso cargado de autocrítica y fuertes metáforas sobre la gestión. Admitió que lo hecho hasta ahora “no bastó”, pidió perdón por los errores y exigió a su equipo sentir “el sable de San Martín” sobre sus cabezas ante cualquier tentación.
En un acto de alto voltaje político en la capital de La Rioja, el intendente Armando Molina protagonizó una ceremonia de jura que se alejó de los protocolos habituales para convertirse en una bajada de línea directa y cruda hacia sus propios funcionarios. Durante la asunción de Gonzalo Bustos como nuevo Secretario General del municipio, Molina instó a su equipo a “empezar de nuevo” y lanzó severas advertencias sobre la honestidad en la función pública, utilizando la figura del “sable de San Martín” como una amenaza latente contra quien se desvíe del camino.
El jefe comunal inició su alocución trazando un paralelismo histórico con el año 2003, recordando cuando el actual gobernador Ricardo Quintela —entonces intendente— le tomaba juramento a él en el mismo cargo. “Por la tumba de mi padre y la cuna de mis hijos”, rememoró Molina sobre sus propios juramentos, estableciendo desde el inicio un tono de gravedad moral.
Sin embargo, el eje central del discurso fue el combate contra las “tentaciones” del poder, a las que describió gráficamente como “un monstruo de mil sonrisas que habita estos espacios”. En un mensaje directo a los nuevos funcionarios, advirtió: “Les vengo pidiendo a Gonzalo y a todo el equipo que sientan el sable de San Martín en la cabeza. Como para que nos hagamos una macana, el sablazo va a venir por nosotros”.
“Lo que hicimos hasta ahora no bastó”
En un giro de honestidad brutal poco frecuente en la política tradicional, Molina realizó una fuerte autocrítica sobre su gestión actual. “Quiero pedir perdón primero por los errores”, sentenció, para luego elevar la vara de exigencia: “Cuando entremos a nuestra oficina empecemos de nuevo. Lo que hicimos hasta ahora no bastó. Nos esforzamos, sí, pero no bastó”.
El intendente exigió agilidad y rectitud administrativa, ordenando “corregir el cuadro que está torcido” y sacar los papeles que duermen en la burocracia. La urgencia fue otro de los pilares de su mensaje: “La ciudad necesita una mejora urgente para que sucedan buenos momentos. La ciudad no nos espera, como el hambre no espera”.
Tolerancia cero a la corrupción
El pasaje más tenso se dio cuando abordó el manejo de los fondos públicos. Molina fue tajante al señalar que la corrupción no es un fenómeno exclusivo de las altas esferas, sino un peligro constante en la administración diaria. “La corrupción no está solo arriba, es en todos lados y es lo que nos tiene a mal traer”, disparó.
Para cerrar, dejó una instrucción inequívoca a sus colaboradores sobre la transparencia financiera: “No tenemos tiempo para hacer ninguna, ni meternos un billete que no es nuestro en el bolsillo”. El intendente finalizó recordando que cada decreto y cada firma “modifica la vida de alguien”, subrayando la responsabilidad institucional que asume la nueva Secretaría General del municipio capitalino.





