El exvicegobernador Néstor Bosetti rompió el silencio y lanzó duras críticas contra la gestión de Ricardo Quintela. En un escenario de parálisis total, denunció que la provincia carece de un modelo productivo propio y exigió claridad en las cuentas públicas ante el recorte de fondos de la Casa Rosada.
La crisis financiera en La Rioja escaló a un nivel de tensión política que ya trasciende las fronteras provinciales. En las últimas horas, quien fuera el hombre fuerte de la infraestructura riojana y exvicegobernador, Néstor Gabriel Bosetti, puso el dedo en la llaga sobre la vulnerabilidad extrema del distrito. Según el dirigente, la provincia enfrenta una tormenta perfecta: el ajuste drástico implementado por el Gobierno nacional y un modelo local que, tras décadas de dependencia, se quedó sin respuestas.
La radiografía que traza Bosetti es alarmante. La Rioja, que históricamente depende en más de un 85% de los recursos nacionales, ha visto cómo el flujo de transferencias discrecionales y fondos extra-coparticipables se redujo a su mínima expresión. El impacto más devastador se siente en la obra pública, que pasó de ser el motor de la economía a una cáscara vacía. Actualmente, se estima que más de 14.000 trabajadores de la construcción han perdido sus puestos de trabajo, lo que genera un efecto dominó que asfixia al comercio y paraliza la actividad en los departamentos del interior.
Un modelo en jaque
El diagnóstico coincide con las señales de alerta que emite el mercado financiero y los sectores industriales. La falta de diversificación de la matriz productiva riojana ha dejado a la provincia a merced de los salarios de la administración pública. Sin inversión privada y con la obra pública paralizada desde hace más de dos años, la economía local entró en una fase de estancamiento que no parece tener salida inmediata.
Sin embargo, el planteo de Bosetti no se limitó a señalar la «motosierra» de Nación. El exministro introdujo una «verdad incómoda»: la responsabilidad interna. Apuntó directamente contra la falta de transparencia del Gobierno provincial, al que le reclama una rendición de cuentas clara para conocer el estado real de las arcas públicas. Esta opacidad, según su visión, no solo profundiza la desconfianza social, sino que debilita cualquier posición negociadora ante las autoridades centrales.
Los números no cierran
La situación de La Rioja se agrava por el contexto de la deuda provincial. El default de los bonos verdes y las presentaciones judiciales ante la Corte Suprema han puesto a la gestión de Quintela en el centro del debate nacional sobre el federalismo fiscal. Mientras el Gobierno nacional sostiene que no habrá partidas extraordinarias para cubrir déficits de gestión, en La Rioja la tensión creció por el uso de los Bonos de Cancelación de Deuda (BOCADE), conocidos como «Chachos», en un intento por inyectar liquidez a una economía que se queda sin oxígeno.
Para Bosetti, la realidad es matemática y no ideológica: sin fondos nacionales y sin un sector privado robusto, los números sencillamente no cierran. La Rioja se enfrenta hoy al desafío de redefinir su identidad económica o quedar atrapada en un ciclo de ajuste y ahogo financiero de duración incierta.





