Familiares y amigos del Gobernador resisten una renovación de cuadros y aseguran que tienen «derecho» a la continuidad por sus años fuera del Estado. Mientras tanto, las encuestas encienden alarmas en el peronismo local por el avance de la oposición.
En los pasillos de la Casa de las Tejas, el clima de fin de época empieza a chocar con la voluntad de hierro de quienes rodean a Ricardo Quintela. A pesar de que la Constitución provincial ya no permite una nueva reelección del mandatario y de que los sondeos de imagen muestran un desgaste pronunciado, el círculo íntimo del gobernador —integrado por hijos, sobrinos y amigos históricos— no tiene planes de dar un paso al costado.
La lógica que impera en el núcleo duro del «quintelismo» es de carácter reivindicativo. Entre los funcionarios más cercanos circula una consigna silenciosa pero firme: consideran que el derecho a permanecer en las estructuras del Estado es una suerte de «compensación» por los largos años en los que el sector estuvo en el llano, alejados de las cajas públicas durante el predominio de otros sectores del PJ. «Estuvimos mucho tiempo afuera y ahora nos toca conducir», repiten en las reuniones de mesa chica, desestimando los reclamos de oxigenación que llegan desde las bases.
El mapa del poder familiar
La red de contención estatal que tejió Quintela es una de las más extensas del país. El esquema no solo incluye ministerios, sino que se ramifica en las más de 36 empresas estatales (SAPEM) creadas bajo el paraguas de «Mejor Riojanas».
El riesgo 2027 y la amenaza opositora
Esta resistencia a la retirada genera ruidos internos en un peronismo que mira con pánico las encuestas. Los últimos relevamientos en la provincia muestran que la situación económica, agravada por el conflicto con Nacióm, ha limado la base electoral del PJ. La oposición, impulsada por el crecimiento de las fuerzas libertarias y otros sectores, detecta una oportunidad histórica para cortar con décadas de hegemonía justicialista.
«El problema es que si el proyecto se cierra en la familia y los amigos, nos quedamos sin territorio. La gente en los barrios ve que los mismos de siempre no quieren soltar el cargo mientras la situación social empeora», confiesa un dirigente peronista que pide reserva.
Pese a los intentos de Quintela por nacionalizar su figura y proyectarse como un líder del federalismo frente al Gobierno nacional, en el pago chico la discusión es más terrenal: el nepotismo y la falta de un sucesor claro que no pertenezca al árbol genealógico del gobernador amenazan con fracturar el frente oficialista. Para los «amigos del poder», sin embargo, el 2027 todavía está lejos y la prioridad es consolidar lo obtenido, bajo la premisa de que el Estado es el único refugio seguro tras los años de sequía política.





