El Gobierno creó un organismo encargado de desmentir «operaciones» y «noticias falsas» en tiempo real. En el Palacio Libertad sostienen que es una herramienta contra la desinformación, mientras la oposición denuncia un intento de disciplinamiento y censura indirecta.
En un nuevo capítulo de su confrontación abierta con las empresas de comunicación y la dirigencia política tradicional, Javier Milei anunció este jueves la creación de la Oficina de Respuesta Oficial. Bajo el control directo de la estructura de comunicación de la Presidencia, este nuevo ente tiene el objetivo declarado de «desenmascarar mentiras» y señalar «operaciones» mediáticas de forma activa y directa.
La medida representa un giro en la estrategia comunicacional del Ejecutivo: ya no solo se limitará a la difusión de actos de gobierno, sino que intervendrá sistemáticamente para confrontar la información que considere falaz. Según el comunicado oficial, la oficina nace porque «informar no alcanza si la desinformación avanza sin respuesta», apuntando directamente contra lo que el mandatario define como «la casta periodística».
Los ejes del nuevo «Ministerio de la Verdad»
El despliegue de esta oficina se fundamenta en una serie de pilares que buscan redefinir la relación entre el Estado y el flujo informativo:
- Combate a la desinformación: El organismo brindará datos para contrastar versiones periodísticas, alegando que es una respuesta a los sectores de izquierda que «buscan censurar opositores» cuando gobiernan.
- Fin de la pauta y el «negocio político»: Desde la Casa Rosada ratificaron que el ruido mediático creció exponencialmente desde que se cortó el financiamiento estatal a los medios, vinculando las críticas de prensa con la pérdida de pauta oficial.
- Distinción de «hechos vs. relatos»: La oficina asegura que no busca imponer una mirada, sino ofrecer herramientas para que el ciudadano distinga «datos de operaciones».
- Libertad de expresión: El Gobierno defiende que sumar una voz oficial para desmentir es «lo contrario a la censura» y que el derecho a expresarse sigue siendo sagrado para la administración.
Tensión con las entidades periodísticas
La creación de esta oficina no pasó desapercibida en el ámbito judicial y legislativo. Si bien el Ejecutivo sostiene que se trata de un ejercicio de transparencia, diversas organizaciones que nuclean a periodistas han manifestado su preocupación. Argumentan que el uso de recursos públicos para señalar o desacreditar a periodistas individuales o medios de comunicación específicos constituye una forma de hostigamiento que puede derivar en la autocensura.
En los pasillos de la Casa Rosada, sin embargo, el clima es de «guerra total». El propio Milei coronó el anuncio con su habitual sello: «PARA DESENMASCARAR MENTIRAS Y OPERACIONES DE LOS MEDIOS. Fin». Para los estrategas oficiales, esta oficina es el brazo ejecutor de la batalla cultural en el terreno de la información diaria, donde consideran que los medios tradicionales han perdido el monopolio de la verdad frente a las redes sociales.
«La democracia no se fortalece cuando se tolera la mentira, sino cuando se la expone», reza el manifiesto de la nueva oficina, marcando que la dinámica de «respuesta inmediata» será la norma de aquí en adelante.





