Con las importaciones en niveles récord y el consumo por el piso, las fábricas riojanas operan al 30% de su capacidad. La provincia, donde el sector representa el 40% del trabajo industrial, es la más afectada por una ola de cierres y despidos que no encuentra techo.
La industria textil argentina atraviesa una «tormenta perfecta» que amenaza con desmantelar décadas de desarrollo productivo, y La Rioja se encuentra en el ojo del huracán. La combinación de una apertura importadora agresiva y un desplome histórico del consumo interno ha generado un escenario de supervivencia donde las promociones del 2×1 y los descuentos del 50% ya no alcanzan para sostener las estructuras.
Según datos de la consultora PxQ, dirigida por Emmanuel Álvarez Agis, el proceso actual es atípico: a diferencia de otras épocas, el aumento de las importaciones no convive con una expansión económica, sino con una contracción fabril severa. En el sector de prendas de vestir, cuero y calzado, las compras al exterior alcanzaron su punto más alto desde 2016, mientras que la producción local tocó su piso histórico (sacando los años de pandemia).
La Rioja: el distrito más castigado por el «efecto dominó»
Para la economía riojana, el diagnóstico es alarmante. Priscila Makari, directora ejecutiva de la Fundación Pro Tejer, advirtió en diálogo con Infobae que el impacto es especialmente dramático en el norte del país. En La Rioja, el empleo textil no es un dato menor: representa el 40% del trabajo industrial registrado de la provincia.
La parálisis de las grandes plantas locales —muchas de las cuales ya han recurrido a suspensiones, eliminación de turnos y despidos— genera un impacto directo en las localidades aledañas. «No se vende ni lo nacional ni lo importado», explica Makari, señalando que las empresas hoy trabajan con rentabilidad negativa y liquidan stock solo para cubrir costos fijos.
El boom de las plataformas chinas y el fin de los «precios protegidos»
El cambio en la fisonomía del mercado es drástico. Mientras las fábricas nacionales cierran, las importaciones de indumentaria crecieron un 97,3% en el último año. A esto se suma el fenómeno de las compras vía courier: plataformas como Shein y Temu registraron un incremento del 274,2% en 2025.
Esta competencia desigual ha forzado un abaratamiento relativo del sector del 30,6% frente a la inflación general desde finales de 2023. Sin embargo, este alivio para el bolsillo del consumidor tiene un costo social altísimo:
- Pérdida de empleos: Entre noviembre de 2023 y octubre de 2025 se destruyeron 18.333 puestos de trabajo registrados en el sector textil y de calzado a nivel nacional.
- Cierre de empresas: Se estima que más de 500 compañías bajaron sus persianas en los últimos dos años.
Estrategias de supervivencia: del shopping a la calle Avellaneda
Incluso los gigantes del sector buscan reconvertirse para no desaparecer. Marcas reconocidas han optado por segmentar su oferta: mantienen una línea exclusiva de fabricación nacional y otra económica traída íntegramente de Asia.
La crisis no perdona estratos sociales. En centros comerciales, las facturaciones nominales caen por debajo de la inflación, mientras que en polos textiles de alta informalidad, como la calle Avellaneda en CABA, los locales en alquiler se multiplican. «Estamos en la etapa de ver cómo nos salvamos; la prioridad es el flujo de caja, no la rentabilidad», confiesan fuentes del sector.
Un futuro incierto para el Parque Industrial riojano
Para los trabajadores del Parque Industrial de La Rioja, el panorama es de incertidumbre total. Con una capacidad instalada utilizada de apenas el 30%, el margen de maniobra es casi inexistente. La desaparición de proveedores de hilo, tintorerías y recolectores de algodón completa un cuadro de desindustrialización que costará años revertir.





