El gerente de Aguas Riojanas, Roberto Valle, explicó que las recientes precipitaciones no alcanzaron para recuperar los niveles de los acuíferos subterráneos ni del Dique Los Sauces. Además, detalló cómo los recortes nacionales en energía afectan financieramente a la empresa provincial.
La provincia de La Rioja atraviesa una compleja situación respecto a la provisión de agua potable. A pesar de las recientes tormentas que trajeron alivio a la región, desde la empresa estatal Aguas Riojanas advierten que la capital provincial se encuentra en una «emergencia hídrica casi permanente».
En una reciente entrevista, el ingeniero Roberto Valle, gerente de Aguas Riojanas, brindó detalles sobre la dura realidad del sistema de abastecimiento local. Explicó que el 70% del agua de la ciudad capital se extrae de perforaciones profundas que llegan hasta los 350 metros, mientras que el 30% restante proviene de la cola del dique o de pequeñas baterías poco profundas.
El principal problema radica en que el ritmo de extracción de agua de las napas supera ampliamente la capacidad de recarga natural. «Las napas freáticas van disminuyendo y esa disminución nos alerta de que estamos consumiendo más de lo que la naturaleza a través de su lluvia va recargando«, detalló Valle. Las precipitaciones, por más intensas que sean en la superficie, no logran satisfacer de forma inmediata la recuperación de estos acuíferos profundos.
El estado de los diques y la distribución del servicio
Mientras que algunos embalses del interior provincial, como el de Olta o el de Chamical, han alcanzado su nivel máximo o incluso han desbordado, la situación en la capital es muy distinta debido a cómo se dieron las lluvias. El Dique Los Sauces tuvo ingresos de agua, principalmente en diciembre, pero resultan insuficientes para llevar tranquilidad. «Nos están faltando prácticamente 8 metros como para tener la tranquilidad de un dique lleno», advirtió el funcionario.
Ante este panorama y previendo que el sistema tarde en recuperarse, la empresa ha tomado la decisión de continuar con la distribución de agua por turnos. Esta medida busca, por un lado, no generar falsas expectativas en la población sobre una normalización inmediata del servicio y, por el otro, evitar roturas en la red por exceso de presión en las cañerías en horarios de menor consumo.
Para los sectores más altos y periféricos de la ciudad (como la Quebrada o la zona sur), donde la presión de la red no es suficiente o las perforaciones quedaron por debajo del nivel de extracción, el gobierno provincial ha dispuesto camiones cisterna de manera totalmente gratuita para asistir a las familias y garantizar que no falte este recurso indispensable.
El impacto económico y la quita de subsidios nacionales
Más allá de la inclemencia climática, Aguas Riojanas enfrenta un duro panorama económico. Valle fue contundente al referirse al ahogo financiero que sufre la provincia a raíz de las políticas nacionales. «Es un sufrimiento que lo estamos teniendo desde hace dos años y un poquito más con esas decisiones de sacar el subsidio a la tarifa energética», señaló.
La empresa distribuidora es «electrodependiente», ya que necesita energía eléctrica constante para hacer funcionar las casi 70 perforaciones que abastecen a la ciudad. Al tener que abonar el 100% de la tarifa sin ningún tipo de subsidio, la compañía se vio obligada a realizar ajustes en sus cuadros tarifarios únicamente para poder cubrir los enormes costos fijos y el mantenimiento, imposibilitando por el momento la ejecución de obras nuevas o la ampliación de la red.
En contraste con estas dificultades económicas, Valle destacó un aspecto positivo en el ámbito local: la actual coordinación y la excelente relación con la Municipalidad de la capital. A diferencia de gestiones anteriores (donde había «una guerra permanente»), hoy existe un «entendimiento y fluidez del diálogo» que permite coordinar integralmente los trabajos de pavimentación y la reparación de cañerías rotas, demostrando «una capacidad de trabajo totalmente distinta».
Finalmente, el gerente hizo un llamado a la concientización y responsabilidad ciudadana, recordando que en La Rioja el agua tiene un valor sumamente «protegido» que muchas veces invisibiliza su costo real y su escasez, lo que lamentablemente lleva a situaciones de derroche como el llenado constante de piletas o regar el asfalto a las 3 de la tarde en días de calor extremo.





