El núcleo duro del gobernador Ricardo Quintela se reunió para delinear la estrategia de cara a 2027. Con el mandatario sin posibilidad constitucional de reelección, el sector impulsa a Gabriela Pedrali frente a las aspiraciones de la vicegobernadora Teresita Madera. La centralización de fondos y el nombramiento de un nuevo ministro de Hacienda obligan a todo el peronismo a negociar directamente con el jefe provincial.
En el siempre intrincado tablero político riojano, las fichas comenzaron a moverse con una velocidad que anticipa tormentas. Este jueves, lejos de las miradas indiscretas, se gestó una cumbre de alto voltaje político: una reunión exclusiva de «quintelistas puros». El objetivo fue claro y urgente: analizar a fondo la delicada situación política y económica de la provincia y diagramar la supervivencia del sector en el poder, en una provincia gobernada por el peronismo desde hace más de 40 años.
La conclusión del cónclave fue unánime: hay que dar la batalla electoral. El quintelismo entiende que su continuidad no está atada al destino del Partido Justicialista en general, sino a su propia capacidad de retener el control territorial e institucional.
El principal escollo de esta empresa está escrito en la Constitución provincial: Ricardo Quintela está imposibilitado de ir por un nuevo mandato. Aunque los deseos de su asesor de máxima confianza, Fabián de la Fuente, apuntaban a buscar alternativas para la continuidad del caudillo, el realismo político se impuso. Ante este escenario, el riñón del gobernador ya tiene a su elegida: creen que la sucesora natural debe ser la actual diputada nacional Gabriela Pedrali.
Sin embargo, el camino hacia la gobernación no está despejado. Del otro lado del palacio asoma la figura de la vicegobernadora Teresita Madera, quien asegura a su entorno contar con un «acuerdo político no firmado» que la unge como la candidata indiscutida del justicialismo para 2027. Fiel a su estilo de conducción, Quintela no dice nada, pero deja actuar. Observa la interna desde arriba mientras se baraja un escenario audaz para los comicios venideros: elecciones adelantadas para el mes de mayo y el posible restablecimiento de la polémica Ley de Lemas.
La caja, el cerrojo y el mensaje para el peronismo
Más allá de los nombres propios, la verdadera señal de poder se materializó este viernes con un movimiento táctico clave en el gabinete: la designación de Fabián Blanco como nuevo ministro de Hacienda. La llegada de Blanco significa, en la práctica, inyectar «más quintelismo» en la administración del Estado para gestionar unas arcas provinciales fuertemente alicaídas.
La jugada económica es, en el fondo, una jugada de dominación política. Quintela decidió arrinconar a todo el peronismo bajo una premisa implacable: «O nos salvamos todos, o no se salva nadie». Para garantizar la disciplina, el gobernador tomó el control absoluto de la flaca caja de recursos y restableció el sistema de Cuenta Única, una herramienta de centralización financiera que en su momento supo utilizar con destreza el exgobernador Luis Beder Herrera.
Hoy, la dinámica del poder en La Rioja se resume en un trámite administrativo. Los dirigentes justicialistas —ya sean los más fieles o los más enojados— tienen que sentarse a hablar directamente con Quintela si quieren que el ministro Blanco les habilite un expediente.
Disidentes, espectadores y viejos conocidos
A pesar de la demostración de fuerza, el quintelismo no es un bloque monolítico. Dentro del propio esquema asoman figuras que marcan sus diferencias, como el ministro de Producción, Ernesto Pérez, quien ya se perfila abiertamente como el disidente interno del sector.
Mientras tanto, el resto de los teóricos aspirantes a la gobernación miran la película desde la platea. Legisladores de peso como los senadores Florencia López y Fernando Rejal, junto a una legión de diputados e intendentes, prefieren no esbozar sus aspiraciones por el momento. La única excepción en el mapa de los jefes comunales es Rodrigo Brizuela y Doria (Chilecito), quien ya dejó entrever sus intenciones de dar el salto.
Y como en toda trama riojana que se precie de tal, nunca falta el factor sorpresa. Quien volvió a caminar la provincia haciendo de las suyas es el exgobernador Luis Beder Herrera, que tras un reciente viaje de negocios mineros a Canadá, retomó sus «viejas travesuras» políticas, sumando un elemento más de imprevisibilidad a un ecosistema peronista que ya está en ebullición.





