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El todo o nada de Ricardo Quintela: ata su suerte al peronismo y el quintelismo sale a jugar a fondo en La Rioja

Lejos de la retirada que imaginaba una parte del oficialismo, el gobernador redobla la apuesta. Convencido de que su destino está ligado a la reconstrucción del PJ, soltó a su tropa para blindar la provincia, posicionar a Gabriela Pedrali y asfixiar las ambiciones de autonomía del «armandismo» en la Capital.

En política, los vacíos se llenan rápido y las percepciones suelen ser engañosas. Mientras una parte del oficialismo riojano observaba con asombro y creía que el «quintelismo» iniciaba una silenciosa retirada del poder provincial, la realidad marca exactamente lo contrario: Ricardo Quintela ha decidido atar su suerte, de manera definitiva, al destino del peronismo nacional, y es por eso que el quintelismo ha salido a jugar a fondo en la provincia.

La lectura en la Casa de las Tejas es tajante. Sin reelección a la vista y con un escenario económico y político complejo a nivel país, el gobernador entiende que su supervivencia política y la capacidad de retener el poder en La Rioja dependen exclusivamente de que el justicialismo vuelva a ser una alternativa competitiva contra Javier Milei. Ante esta encrucijada, no hay margen para medias tintas ni repliegues: el núcleo duro del gobierno aceleró los tiempos y tomó las riendas absolutas de la sucesión para 2027.

El quintelismo a fondo: la carta de Pedrali y la estrategia de dilatar

Al atar su capital político a la mesa nacional, Quintela necesita ordenar su propia casa con mano de hierro. La orden para el quintelismo de paladar negro fue clara: ocupar el centro del ring y no ceder la iniciativa. Es por esto que el gobernador habilitó a su sector más íntimo para que juegue abiertamente y comience a posicionar a la diputada nacional Gabriela Pedrali como la figura estelar para encabezar la fórmula gubernamental.

Esta demostración de fuerza busca desarticular las ansiedades prematuras. La estrategia del Partido Justicialista es intentar dilatar, al menos hasta agosto próximo, la discusión abierta por el sucesor. Quintela acepta que otros referentes con aspiraciones, como Teresita Madera, Florencia López o Rodrigo Brizuela y Doria, comiencen a caminar el territorio, pero la bajada de línea es estricta: no se tolerarán agresiones ni operaciones cruzadas. Quien cruce ese límite, se enfrenta a un quintelismo que hoy no está dispuesto a ceder un centímetro de autoridad.

Incluso, en este tablero donde todos se reacomodan, el sector del chileciteño Brizuela y Doria ya deja trascender que no vería con malos ojos aceptar la vicegobernación acompañando a una figura de la Capital (el perfil exacto de Pedrali), respetando la histórica cuota de poder entre los dos distritos más fuertes de la provincia. De fondo, además, vuelve a asomar la figura de Luis Beder Herrera, siempre atento a la posible resurrección legislativa de la Ley de Lemas.

La mesa de los pesos pesados y el factor Milei

El gobernador apuesta un pleno al desgaste de la gestión libertaria. En su fuero íntimo, asegura que Milei llegará sumamente debilitado al final de su mandato. Para capitalizar ese escenario, Quintela necesita estar sentado en la mesa chica de decisiones del PJ nacional, codo a codo con figuras de relieve como Axel Kicillof, Sergio Massa o Cristina Fernández de Kirchner.

Si el peronismo resurge, Quintela se asegura el paraguas político absoluto para bendecir a su candidato en La Rioja sin que nadie en el justicialismo local ose desafiarlo. Un PJ nacional fortalecido es la garantía de paz interna para el quintelismo en la provincia.

El ocaso del «armandismo» y la dependencia total

La decisión del quintelismo de salir a jugar a fondo dejó una víctima política inmediata: el intendente capitalino Armando Molina. Hoy, en las filas del peronismo, nadie lo cuenta entre los nombres con chances reales de disputar la gobernación.

La lectura intramuros es letal. Sostienen que su gran error «fue ir a la intendencia» creyendo que, con recursos frescos, podría construir un «armandismo» autónomo e incluso un gobierno paralelo que financiara a otros intendentes del interior desde el Palacio Ramírez de Velasco. El triunfo de Milei dinamitó esa fantasía, le cortó el grifo nacional y lo dejó en extrema debilidad.

Hoy, Molina es prisionero del nuevo escenario y necesita, más que nunca, de ese mismo quintelismo que en algún momento quiso eclipsar para instalar su propio «ismo». Es su única vía de supervivencia operativa. La dependencia de la municipalidad hacia la provincia es absoluta: Quintela es quien paga las obras, le aporta la mano de obra de los chalecos rojos, le apaga los incendios financieros y hasta le soluciona el mantenimiento urbano básico, con el Ministerio de Producción ejecutando el corte de maleza en la ciudad. Asfixiado por la gestión y cercado por la avanzada del núcleo duro del gobernador, Molina hoy solo puede pensar en la titánica tarea de intentar retener la Capital.

Un juego de alto riesgo

La jugada de Quintela es audaz y a todo o nada. Al atar su suerte al PJ nacional y mandar a su tropa a jugar a fondo para alinear la provincia, asume un riesgo monumental. Si la economía se estabiliza y Milei llega fortalecido y competitivo a 2027, la estrategia nacional tambaleará. En ese escenario adverso, el gobernador enfrentará las feroces presiones de un peronismo local ansioso por sobrevivir, y el rompecabezas de la sucesión podría estallar, dejando heridos graves y poniendo en jaque la continuidad del justicialismo en el poder riojano.

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