El gobernador riojano tomó juramento a Fabián Blanco como nuevo ministro de Hacienda provincial, marcando la salida del histórico Jorge Quinteros. El recambio se da en un contexto de tensión extrema por el feroz recorte de fondos nacionales, la fuerte caída de la coparticipación y la agonía de las finanzas locales frente a la reestructuración de los Bonos Verdes.
La provincia de La Rioja atraviesa horas decisivas para su futuro económico y social. En un clima marcado por la urgencia de la crisis nacional, la recesión y el fantasma permanente del default provincial, el gobernador Ricardo Quintela decidió dar un golpe de timón en el área más sensible de su gestión: la administración de los recursos.
Durante la mañana de este viernes, el mandatario peronista le tomó juramento al contador Fabián Blanco como nuevo ministro de Hacienda y Finanzas de la provincia. El flamante funcionario llega para reemplazar al histórico Jorge Quinteros, quien ocupaba un rol estelar en la cartera financiera desde la gestión del exgobernador Sergio Casas.
El recambio de gabinete —que no será el último, ya que se espera la asunción de nuevos nombres como el de Carlos Machicote— se produce en un escenario financiero que no da tregua. Durante el breve acto de asunción, Quintela no ocultó la desesperación que atraviesa a las cuentas públicas y a la economía diaria de los riojanos. Fiel a su estilo directo, el mandatario le hizo un pedido inusual y descarnado a su nuevo ministro al momento de felicitarlo: «Fuerza a asumir urgente ese cargo porque necesitamos plata».
La asfixia social y el avance de la usura
El discurso de Quintela estuvo fuertemente signado por la agobiante situación social que padecen los habitantes de la provincia ante la devaluación y la pérdida del poder adquisitivo. Con un tono de preocupación evidente, el gobernador relató el drama de los trabajadores fuertemente endeudados.
«La gente no llega, tienen embargados todos sus salarios», advirtió Quintela. Acto seguido, denunció el brutal avance de prestamistas que se aprovechan de la desesperación social en los barrios. «Le quitan su motito, le quieren embargar la casa… y encima no les queda otra que meterse con la usura y los famosos tipos que andan por ahí amenazando y extorsionando», señaló el mandatario, quien le pidió a las fuerzas de seguridad que pongan un límite a estas mafias que aprietan a las familias.
El «no hay plata» riojano: la tijera nacional y el laberinto de la deuda
El debut de Fabián Blanco frente a los micrófonos dejó en evidencia que no habrá período de gracia en su gestión. Consultado por la prensa sobre el estado de las cuentas públicas, Blanco fue tajante y pintó un panorama de absoluta austeridad forzada, reconociendo el golpe que significó el recorte de transferencias por parte del Gobierno Nacional y la retracción económica.
«Es una situación delicada. En el primer bimestre ya recibimos una baja importante de la coparticipación, impulsada por la recesión que repercute directamente en la recaudación», explicó el nuevo titular de Hacienda. Frente a este escenario crítico, Blanco confirmó que la prioridad del gobierno será garantizar el pago de salarios a los empleados públicos y sostener el funcionamiento de los servicios esenciales que fijó el gobernador: salud, educación y seguridad.
El impacto de las políticas nacionales también golpeó de lleno a la infraestructura provincial. El ministro confirmó la parálisis de los fondos: «Como todos saben, los recursos que venían para la obra pública ya no los tenemos», admitió, señalando que las obras —sobre todo las de vivienda— continuarán pero a un ritmo mucho más lento y financiadas exclusivamente con los limitados recursos propios.
Pero el gran dolor de cabeza que hereda la nueva conducción financiera es la compleja renegociación de los «Bonos Verdes», una situación que mantiene en jaque a la provincia. Consultado sobre cómo piensa destrabar el pago de esta deuda clave, el ministro reconoció la extrema dificultad de la tarea que tiene por delante: «Se está charlando, estamos trabajando en ello… créame que eso no es sencillo».
Acorralado por la sequía de fondos, con una coparticipación en picada y fuertemente presionado por el contexto social, el gobierno de La Rioja se reconfigura de cara al tramo final de su mandato. El nombramiento de Blanco —un hombre de la mesa chica del Gobernador y con vasta experiencia en la Secretaría de Hacienda— es una apuesta al núcleo duro para intentar blindar a la provincia del tembladeral económico que sacude a todo el país.





