La legisladora nacional Florencia López encabezó un acto para entregar mobiliario en Chilecito. Mientras tanto, los pacientes denuncian que las cirugías están suspendidas por la falta de equipamiento esencial en los quirófanos y que en el área de maternidad les piden a los familiares que compren el suero de su propio bolsillo.
La escena parece extraída de una sátira política, pero refleja con crudeza la crisis estructural que atraviesa el sistema de salud en el interior profundo de la Argentina. En el hospital público de Chilecito, la segunda ciudad más importante de la provincia de La Rioja, el contraste entre el «marketing» de los funcionarios y la desesperación de los pacientes terminó por detonar un fuerte malestar en la comunidad.
La protagonista de la controversia es la senadora nacional Florencia López, quien llegó al centro médico provincial con una donación pensada para la gestión visible: colchones y cinco sillas de ruedas. Sin embargo, detrás de la entrega oficial, la realidad en los pasillos y quirófanos marcaba una urgencia que fue totalmente ignorada por la comitiva política.
«A mí me dio como un poco de rabia. Trae sillas de ruedas cuando está haciendo falta un tubo para operar», relató un vecino que se encontraba trabajando en el lugar y fue testigo directo de la situación. Según su testimonio, él mismo se encontraba asistiendo a un compañero cuyo amigo necesitaba una intervención quirúrgica impostergable. La operación, no obstante, no pudo realizarse en la localidad.
El motivo, explicado por los propios médicos del hospital a los pacientes, expone el crítico abandono del sistema sanitario local: faltaba un «tubo» específico e indispensable en el quirófano, un insumo vital sin el cual los cirujanos tienen las manos atadas. «Acá no se puede operar, me explicaba la doctora que no tienen, y por eso derivan todo a La Rioja [Capital]», detalló el testigo. La médica a cargo, identificada como la Dra. Salgueiro, tuvo que contener a los pacientes e iniciar los trámites de derivación a la capital provincial –a más de 200 kilómetros de distancia– ante la impotencia de no poder resolver la urgencia médica en origen.
El suero, a cuenta del paciente
El desabastecimiento en el nosocomio no se limita a la alta complejidad o al área de cirugía. La indignación de los ciudadanos escaló al máximo cuando trascendió que, casi en simultáneo a la llegada de los colchones y las cinco sillas de ruedas por parte de la legisladora, en el sector de maternidad el panorama era de abandono total. «En la maternidad le estaban pidiendo a la gente que vaya a comprar suero», denunció la misma fuente.
Este crudo relato pone en el centro del debate nacional la profunda desconexión de una parte de la dirigencia política con las urgencias reales de los ciudadanos. Las sillas de ruedas, si bien son elementos necesarios, chocan de frente con la indignidad de un sistema estatal que obliga a las familias a costear de su bolsillo insumos tan económicos y básicos como una solución fisiológica para mujeres parturientas.
«La doctora me explicó bien y me habló bien, a veces la gente no entiende. Pero ya que ha venido esta senadora, me enojé porque trae sillas de ruedas cuando está haciendo falta un tubo para operar», reflexionó el vecino con un sentido común tajante.
El caso de Chilecito deja de ser una problemática municipal para convertirse en una dolorosa radiografía de la salud pública en la Argentina: hospitales vaciados de insumos críticos que apenas se sostienen gracias a la vocación de sus médicos, frente a funcionarios que apuestan por paliativos simbólicos que no curan, no operan, ni salvan vidas.





